miércoles, 19 de enero de 2011

Cama vacía

No se estaba tan mal, sólo en la habitación del hospital. Sin ruidos ni ronquidos que me perturbaran. Hasta esta noche. La mirada me despertó. Una vieja encorvada y de mirada maligna fijaba sus ojos en mí, con la boca muy abierta. Giré la vista hacia la cama de al lado y vi un bulto que se removía inquieto bajo las sábanas. Temblé de miedo y me tapé la cabeza. Por la mañana se fueron, la vieja y el hombre en silla de ruedas, mirando mi cama asustados. Un alivio. Los vivos son tan molestos...

Hank66

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Sin decir adiós

Antes de que la desidia o la costumbre le pararan los pies, cogíó su apolillado sombrero y dejó en su lugar, colgados de cualquier manera en el perchero, un gesto vacío y una mirada oblicua y confusa.

Luego, ya en mitad de la calle, mientras encendía un cigarrillo arrugado, completó la despedida con unas pocas palabras musitadas a media voz.

Pero ya nadie escuchaba, se había quedado a solas con su propio dolor.

Cronopio

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martes, 18 de enero de 2011

El calendario del deseo

El día discurre lánguido, se toma su tiempo para desaparecer como uno más del año. Acabo saltando de una fecha a otra como si se tratara de una rayuela interminable. A veces coincido con las caras de la luna y conversamos, pero pronto me harto de tanta cháchara sentimentalista y me recluyo en los nombres de los santos. Allí medito sobre mis faltas, porque ellos me repiten incansablemente que fue mi culpa, que estoy atrapado en este almanaque por desear, preso de lujuria, pasar el año junto a la chica desnuda del calendario.

Saryle

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Desidia

No supo esquivar al delirio y fue arrastrado por su boca anhelante y sus promesas fatuas.

No resistió los embites de la última riada, y sólo el sudor quedó como testigo ciego de la contienda desatada en torno a una cama vacía.

No reunió valor para apartarse, y fue engullido por la lava desbordada y esas brasas que creía ya borradas por la niebla.

Sabía que, antes o después, resucitaría, como tantas otras veces había sucedido, por eso, se evaporó sin siquiera luchar por recuperar el aliento.

Cronopio

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Memoria innata

La densa niebla no era obstáculo en su cita diaria con el footing. Se guiaba a tientas por las arrugas del terreno que pisaba. Podría cerrar los ojos que sus pies palpaban certeramente las protuberancias urbanas interpuestas entre el esfuerzo y su domicilio.
Al llegar, exhaló un aire triunfante y sonriendo entró en la ducha. El olor a café sembró dudas sobre su ubicación. Alguien entró a secarle como hace unos años, lo hicieron todos los días. El inconsciente le demostró autonomía.

21

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lunes, 17 de enero de 2011

En la calle

Como ha comprobado que el humo es sólo humo,decide solidificarse y asomarse al mundo. Ansía ser mordido por esa verdad que tanto ha oído nombrar y que aún no conoce. Busca y rebusca, emboscado en la noche, pero sólo halla cúmulos de mentiras disfrazadas de vapor. Los jirones de niebla le envuelven en un abrazo húmedo y febril que le adormece las entrañas, mientras el ruido ensordecedor de las calles es devorado por el silencio interior. Busca, pero no encuentra gestos amables, miradas de perdón.

Cronopio

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domingo, 16 de enero de 2011

Tras el temblor

Es un dolor tolerable, debo ser paciente y confiar en la recuperación. Al fin y al cabo, el poder seguir respirando, no deja de ser un regalo. De no pensar así, sería un desprecio hacia ellos, que están aquí, a mi lado, muertos. Ya oigo una excavadora... ¡Socorro!

Cormoran

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sábado, 15 de enero de 2011

Emancipados

Ella se encontraba de pie junto a la ventana; sus dedos daban golpecitos nerviosos en el alféizar mientras sus pensamientos saltaban como langostas hacia el vasto jardín. Sorbía el aire despacio, inspirando el frescor de la mañana empapado en el aroma de las flores. Él se acercó con su ritmo particular de pantuflas y bastón y, tembloroso, la tomó del brazo. Juntos caminaron por los pasillos hasta llegar al patio. Allí aguardaron sentados en un banco hasta ver las rejas entreabiertas y, pasito a pasito, se fugaron de la residencia.

Saryle

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Punto final

Ese punto de locura
que me sugeriste,
mi desapego de lo real,
la catálisis hacia la magia,
que te hace sentir tan especial.

Ese punto que ha crecido
hasta ser la esfera incontrolada
que te envuelve y te encadena.
Ahí lo tienes, todo tuyo
por mucho que te duela.

t

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Sabor metálico

En silencio, impactaron como dos proyectiles sobre el suelo. Mi cuerpo también había caído. Mi cara reposaba sobre el frío pavimento desgastado por el transitar de la gente y, aunque practicamente ausente por mi estado, era capaz de oír el griterío de la muchedumbre.
De repente, cayeron dos enormes gotas de sangre ante mis ojos. Colisionaron contra el suelo tan fuerte que parecía que algo las hubiera empujado con la fuerza de un titán.
Ocurrió tan cerca de mi rostro que éste quedó pulverizado.

Íngrid

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