«Ir hoy a Tokio es como sacarse una radiografía», decían. Pero por trabajo (¿o para llevar la contra?) tuvo que viajar. Llegó casi anocheciendo, directamente al banquete de los anfitriones. A mitad de la noche le despertaron la sed causada por el sake, el salmón y el atún. Medio dormido, olvidado de dónde estaba, bebió del grifo del baño y al levantar la vista vio en el espejo su sombra espectral acompañada por otra: solamente podía ser la de ella. Como mandaba el orden natural de las cosas.
eglon82
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