miércoles, 1 de febrero de 2012

Mi bandera

Sus ojos repetían el paisaje que abarcaba. Su melena de plátano rubio filtraba franjas de cielo, modelando una bella bandera amarilla y azul. Su mástil era un exquisito cuerpo varado en la pequeña terraza suspendida sobre el mar. Me acerqué deseando ser su alférez, sin atreverme siquiera a pisar su sombra. Levanté mi mano y la dejé descansar en su hombro. Sin reparar apenas en mí, aguardó a que mis labios pronunciaran esta palabra: Perdona. Entonces, mi bandera se empapó de lágrimas.

country49


Oigo.

Como el silencio que precede a la tormenta, llegaste y te quedaste en la esquina.
Eres silencio y te oigo, eres clamor y resuenas.

Lenita


QUÉ (Interrogante)

Siempre buscaba lo desconocido, marcarse nuevas metas. De una cueva en la roca hacía un aposento acogedor e iluminado.
Un día, no se sabe QUÉ se lo llevó de cuajo. Un sentimiento intransferible. Nunca lo sabrá nadie.
Se fué mas arriba del cielo a exporar nuevos horizontes. El cielo no tiene límites.
Arena


La antesala del día

"Que descanses"
Oscuridad, silencio.
Un párpado se abre perezoso, lo cierro con calma.
Ahora los dos, vuelvo a cerrarlos.
Dos platos.
Las 4,26 ¡maldita sea!
Una vuelta: de mañana no pasa.
Otra: no se me olvide.
una tercera: tengo que dormir como sea.
!Como ronca y mañana dirá que no ha pegado ojo!
Una luz lechosa se filtra.
El mundo horizontal de la noche se yergue.
Todo parece encajar: cuerpo con alma, pie con zapato, taza con labios.
Otro día.
Otro afán.
"Buenos días"
"Buenos días" contesto suspirando


desasosegada

lunes, 30 de enero de 2012

Bufonadas

Era el mejor bufón del mundo. El único que le había hecho reír. Le había perdonado las más terribles impertinencias, los comentarios más indecorosos. Sus ácidos comentarios, sus muecas hilarantes, le hacían cosquillas en el alma. Por eso el rey no pudo evitar soltar una carcajada que se desbordó por toda la plaza. Ni siquiera el sonido de la cuchilla descendiendo pudo parar su risa desatada cuando vio la última mueca desternillante del bufón, haciéndole reír desde el fondo de la cesta de mimbre

Hank66


Deshielo

El "tic-tic" monocorde de las gotas recién licuadas marcó el ritmo de los primeros minutos de aquella mañana.

La larga noche precedente había sido terca, y no había abandonado la habitación hasta sembrar cada rincón con una colección infinita de fríos escombros y recuerdos helados.

Los tibios rayos de sol, filtrados por las cortinas, estaban cumpliendo con su labor, pero, entre ese montón de desechos, ya había demasiados cadáveres irremediablemente congelados.

Cronopio


domingo, 29 de enero de 2012

El trompetista fiel

La rubia oxigenada de labios ardientes, se lo encontró así, con la mirada mate, fija en algún punto del infinito, con una sonrisa forzada, babeando sangre oscura. Estaba reclinado sobre la pared, sin acabar de caer al suelo de madera encerada, por cuyas junturas se iba desplazando el liquido espeso de su perdida vida. Ella como era de rigor, expreso en un grito gutural de altos decibelios, todo su sentir de asco, pena y desconcierto, por el estado de su trompetista favorito.

Alfred


sábado, 28 de enero de 2012

Cadencia

Atravieso el vestíbulo, donde discurre suave el tiempo, para encontrarte, el rostro curtido por el sol, los brazos firmes por la tierra, los labios con el exacto calor que tanto añoro. Juntos recorremos los vericuetos que reconocemos sin un ápice de duda, con calma, sin deudas, en momentos eternamente volátiles, encendiendo, a cada curva del consabido camino, fuegos insospechados.

Regreso a mi neblina, a las horas que discurren al compás de tu acunar perdurable.

Tras el vestíbulo del tiempo.

Befana


viernes, 27 de enero de 2012

Oleajes.

Acunada sobre mí misma enciendo la noche, en esta noche, abrazada a una manta beige. Aquella que me sugiere esencias a libaciones de yogures y paseos, a despertares amables y risas cómplices, a ritmos ignotos que ni sé si configuraré en este océano de olas y arrecifes.
Rodeando el cabo de Hornos y sobreviviendo a sus embestidas de mar brava, espero encontrar la playa blanca donde poder tenderme desnuda al sol.
Ese que me nutre. Incluso a mi pesar. Albada

Un broche en la solapa.

En el joyero las baratijas presumían de sus brillos, los pendientes desparejados se miraban intentando acuerdos imposibles y un anillo viudo de una pieza lacada no se repone del atrapamiento entre la pared y la nevera.
Un broche con una pluma proclama su enfado por el maltrato de esta mujer. Cuando Laia descubre que el adhesivo de la identificación de visitante ha lesionado el cuero de su chaqueta, recuerda un broche y se lo pone, sin recordar su alergia hasta que empieza a estornudar.
Albada