La suerte, dicen, estaba echada. Así nos fue.
Espacio de creación de microrrelatos,
cuentos cortos y otras formas de
literatura breve, al acceso de cualquiera.
miércoles, 22 de febrero de 2012
No todo es como parece
A las cinco sonó el timbre y como cada día desde hacía semanas, abrí sabiendo que el umbral estaría vacío.
Harta, pensé en esconderme y descubrir quien era y que pretendía.
Esperé helada y nerviosa.
Las cinco menos cinco, menos dos, a las cinco en punto una figura se acercó a mi puerta, se atusó el pelo, llamó y... echó a correr.
Le seguí con la mirada, reconociendo estupefacta la inconfundible cojera de mi primo Ernesto.
Desde entonces cuando se burlaba de mí, o sea siempre, yo sonreía para mis adentros.
Harta, pensé en esconderme y descubrir quien era y que pretendía.
Esperé helada y nerviosa.
Las cinco menos cinco, menos dos, a las cinco en punto una figura se acercó a mi puerta, se atusó el pelo, llamó y... echó a correr.
Le seguí con la mirada, reconociendo estupefacta la inconfundible cojera de mi primo Ernesto.
Desde entonces cuando se burlaba de mí, o sea siempre, yo sonreía para mis adentros.
desasosegada
Acto de fe
Metió la cabeza dentro de la olla, su pareja hizo sonar la campana, según marcaba la tradición, con ello se aseguraban la gracia de poder quedar en estado de buena esperanza.
Cuando se disponían a salir fueron amonestados por los garantes del santo lugar y el resto de parejas solicitantes de las gracias divinas, para obtener mediante la actuación de la naturaleza,la correspondiente descendencia. Los chicos salieron obsequiándoles con una gran sonrisa, fruto de su amor por el prójimo,lo mandado. Alfred
Cuando se disponían a salir fueron amonestados por los garantes del santo lugar y el resto de parejas solicitantes de las gracias divinas, para obtener mediante la actuación de la naturaleza,la correspondiente descendencia. Los chicos salieron obsequiándoles con una gran sonrisa, fruto de su amor por el prójimo,lo mandado. Alfred
San T...RIO
Al entrar en una ciudad cruzando el Duero, había, a la derecha, la indicación de la ermita de una Santo.
San Tugurio leyó, pasando deprisa, a vista de pájaro.
Que raro, pensaba, en mi pueblo tugurio era un lugar de mala nota, según la finura de un hombre, que de honor y dignidad hacía alarde.
Como trayecto atractivo, y por curiosidad, tuvo que visitar ese lugar cercano a aquella ciudad.
Era,es,San Telorio.
(Un Santo, llama a otro. Experiencias y recuerdos)
Arena
San Tugurio leyó, pasando deprisa, a vista de pájaro.
Que raro, pensaba, en mi pueblo tugurio era un lugar de mala nota, según la finura de un hombre, que de honor y dignidad hacía alarde.
Como trayecto atractivo, y por curiosidad, tuvo que visitar ese lugar cercano a aquella ciudad.
Era,es,San Telorio.
(Un Santo, llama a otro. Experiencias y recuerdos)
Arena
martes, 21 de febrero de 2012
(San) Protulio
Cuenta la leyenda que Protulio impuso su mano en el vientre de una mujer añosa, quedando ésta embarazada después de años de espera infructuosa. Su fama se fue extendiendo y no había preñez que se le resistiese. La Iglesia oficial nunca le reconoció como santo pero así le consideraba el pueblo llano. En un apartado lugar del Pirineo aún existe una pequeña iglesia donde unas monjitas veneran una (enorme) reliquia de (San) Protulio y dicen las malas lenguas, que no se trata de su mano precisamente. country49
lunes, 20 de febrero de 2012
Falta de vocación
No me gustaba aquel colegio, nunca me gustó. Era gris, rodeado de grandes muros que daban sensación de ahogo.
He de confesar que una vez allí no lo pasaba tan mal ¿Quién iba a impedirme viajar a mundos exóticos durante las clases? ¿A quién podía molestar que mi alma escapara volando por la ventana?
Soñaba con ser afilador, repartidor de coca-cola o cantautor, cualquier cosa que me alejara de esa cárcel-colegio.
Finalmente el timbre me despertaba de mis ensueños y volvía a ser "el señor director"
desasosegada
He de confesar que una vez allí no lo pasaba tan mal ¿Quién iba a impedirme viajar a mundos exóticos durante las clases? ¿A quién podía molestar que mi alma escapara volando por la ventana?
Soñaba con ser afilador, repartidor de coca-cola o cantautor, cualquier cosa que me alejara de esa cárcel-colegio.
Finalmente el timbre me despertaba de mis ensueños y volvía a ser "el señor director"
desasosegada
domingo, 19 de febrero de 2012
El encuentro
El encuentro.
¡Que el cielo los juzgue! Una vez, Alá alcanzó la frontera del conocimiento. Al otro lado, Dios, lo miraba con desprecio. Caminó muy solemne, contemplándolo por encima del hombro. Dios lo imitó.
Esto lo enfureció aun más, y aproximó su rostro en tono amenazador a apenas unos centímetros. Dios hizo lo propio sin ceder una décima. Alá se mantuvo durante largos minutos; Con la mirada desbordada en reto y el cuerpo erguido. Esperaba que su oponente se cansara. No sucedió así. Cuando ya no pudo más, que hasta el cuerpo le temblaba, cedió. Pero cual sería su alegría. No fue vencido del todo; Dios cedió al mismo tiempo mostrando sinónimo agotamiento. Alá sonrió para hacer suya la victoria. Pero, ni antes ni después, si no al mismo tiempo, Dios hizo lo propio. ¡Ahora lo comprendía! ¡No era una coincidencia! Lo estaba imitando. ¡Era pura burla! Pensó, Alá que era el momento de dar un final a tan grotesco gesto. ¡No había lugar para los dos! Erizó sus bigotes de pura rabia. Dios plagió el gesto...
Asomó sus garras preparado para atacar... Pero la voz de una niña lo secuestró del momento: - ¡Alá! ¿Dónde estas? Corrió hacia la voz olvidándose de Dios por completo. - ¿Otra vez peleándote con el espejo? ¡Ven, gatito lindo! Y la niña lo abrazó besando su lomo. ¿Qué otra cosa, que no fuera el amor, podría evitar un enfrentamiento entre Alá y Dios? Porque yo, no los entiendo.
Jesus Cano Jesus Cano
¡Que el cielo los juzgue! Una vez, Alá alcanzó la frontera del conocimiento. Al otro lado, Dios, lo miraba con desprecio. Caminó muy solemne, contemplándolo por encima del hombro. Dios lo imitó.
Esto lo enfureció aun más, y aproximó su rostro en tono amenazador a apenas unos centímetros. Dios hizo lo propio sin ceder una décima. Alá se mantuvo durante largos minutos; Con la mirada desbordada en reto y el cuerpo erguido. Esperaba que su oponente se cansara. No sucedió así. Cuando ya no pudo más, que hasta el cuerpo le temblaba, cedió. Pero cual sería su alegría. No fue vencido del todo; Dios cedió al mismo tiempo mostrando sinónimo agotamiento. Alá sonrió para hacer suya la victoria. Pero, ni antes ni después, si no al mismo tiempo, Dios hizo lo propio. ¡Ahora lo comprendía! ¡No era una coincidencia! Lo estaba imitando. ¡Era pura burla! Pensó, Alá que era el momento de dar un final a tan grotesco gesto. ¡No había lugar para los dos! Erizó sus bigotes de pura rabia. Dios plagió el gesto...
Asomó sus garras preparado para atacar... Pero la voz de una niña lo secuestró del momento: - ¡Alá! ¿Dónde estas? Corrió hacia la voz olvidándose de Dios por completo. - ¿Otra vez peleándote con el espejo? ¡Ven, gatito lindo! Y la niña lo abrazó besando su lomo. ¿Qué otra cosa, que no fuera el amor, podría evitar un enfrentamiento entre Alá y Dios? Porque yo, no los entiendo.
Jesus Cano Jesus Cano
Cuentan
CUENTAN Cuentan... Cuentan, que un día, la soledad vió su reflejo en un río y entristeció. Comprendió que le faltaba algo. Se sintió incompleta. Para cambiar tan amarga sensación, en un arrebato de egoísmo, comenzó la creación de una madre, sería el comienzo de un ser con cualidades suficientes para cuidarla y mimarla. Capacitada para dar sin pedir; Para agradecer en beneficio ajeno.
Tras concienzuda labor, quedó por llenar el corazón. Posó en él constancia y mucho cariño. Fuera de él dejó el sufrimiento y la preocupación.
Lo sació de comprensión y dulzura. Alejó los desvelos y llantos. Con su impaciencia por acabar tan suprema creación, tropezó volcando en aquel corazón todo aquello que apartó y desestimó. ¿Cómo repararlo? ¿Qué podría compensar tal desastre? Pronto lo supo; creó cuantioso amor. Pero por mucho que empujó, nada más cabía en aquel corazón. Era imposible meter allí tanto amor. Lloró desconsolada, lo intento mil veces hasta caer rendida... ¡Jamás lo conseguiría!, se resignó. Más una fugaz idea le dio la solución, y por fin su obra pudo acabar. Es por eso que en las madres... Sus manos están llenas de amor.
Es por eso que las madres... Siempre comprenden tu soledad. Cuentan... y unas manos no me dejan duda.
Jesus Cano Jesus Cano
Tras concienzuda labor, quedó por llenar el corazón. Posó en él constancia y mucho cariño. Fuera de él dejó el sufrimiento y la preocupación.
Lo sació de comprensión y dulzura. Alejó los desvelos y llantos. Con su impaciencia por acabar tan suprema creación, tropezó volcando en aquel corazón todo aquello que apartó y desestimó. ¿Cómo repararlo? ¿Qué podría compensar tal desastre? Pronto lo supo; creó cuantioso amor. Pero por mucho que empujó, nada más cabía en aquel corazón. Era imposible meter allí tanto amor. Lloró desconsolada, lo intento mil veces hasta caer rendida... ¡Jamás lo conseguiría!, se resignó. Más una fugaz idea le dio la solución, y por fin su obra pudo acabar. Es por eso que en las madres... Sus manos están llenas de amor.
Es por eso que las madres... Siempre comprenden tu soledad. Cuentan... y unas manos no me dejan duda.
Jesus Cano Jesus Cano
Como hermanos
COMO HERMANOS
¿Qué es el odio? ¿Un enemigo del amor? ¿Cuál más poderoso? En el pequeño pueblo fue un nacimiento sonado. Dos hermosos gemelos rebosantes de salud. El primero alumbró con facilidad, como si ansiara llegar a este mundo. El segundo se agarró a las entrañas de la madre hasta matarla... Algo que el padre no perdonó jamás. Al primero lo llamó Carlos, dedicó todo su tiempo y esfuerzo para darle felicidad. Las mejores ropas, los halagos más dulces, los mejores colegios. Al segundo lo llamo Pedro... Y asesino en privado. Lo vestía con harapos y le dedicaba palizas e insultos a la menor oportunidad. Era fácil distinguirlos a pesar de ser idénticos;
El mal vestido y cabizbajo, aquel de expresión triste y amargada era Pedro. El de faz resplandeciente, que dedicaba una sonrisa al aire en plena mañana, era Carlos. El amado. El padre dedicó toda su vida a odiar y amar sin prejuicio alguno ni disimulo. Los hijos, cada cual con su destino establecido, alcanzaron la madurez a la par que su padre la vejez. Ya en su lecho de muerte, mandó llamar a su hijo Carlos.
- Dime, padre. - Muy pronto abandonaré este mundo, y te quiero dejar todo aquello que he conseguido en la vida. - Padre. ¿No sería el momento de perdonar a Pedro? - ¡Jamás! ?Bramó.- si por algo me voy satisfecho, es por la vida que le he dado. - Debo confesarte algo, padre; tanto mi hermano como yo hemos tenido tu amor y tu odio. -No te comprendo... Nunca le he demostrado la más mínima muestra de cariño. - Nos cambiábamos la ropa... Nos hacíamos pasar el uno por el otro. - ¡Maldito seas! Al menos tengo el consuelo de haberle amargado la mitad de su vida. - Pero, padre... ¿A quién? Porque uno tuvo el cariño de su padre la mitad de su vida, y el afecto y sacrificio de su hermano la otra mitad. - ¿Quién de los dos eres tú? ?Preguntó desconcertado. -Un no de tus hijos. Uno que te quiere. Y marchó sin mirar a tras. Sospecho que el amor y el odio, se acercan más a un instinto que al sentimiento.
Jesus Cano Jesus Cano
¿Qué es el odio? ¿Un enemigo del amor? ¿Cuál más poderoso? En el pequeño pueblo fue un nacimiento sonado. Dos hermosos gemelos rebosantes de salud. El primero alumbró con facilidad, como si ansiara llegar a este mundo. El segundo se agarró a las entrañas de la madre hasta matarla... Algo que el padre no perdonó jamás. Al primero lo llamó Carlos, dedicó todo su tiempo y esfuerzo para darle felicidad. Las mejores ropas, los halagos más dulces, los mejores colegios. Al segundo lo llamo Pedro... Y asesino en privado. Lo vestía con harapos y le dedicaba palizas e insultos a la menor oportunidad. Era fácil distinguirlos a pesar de ser idénticos;
El mal vestido y cabizbajo, aquel de expresión triste y amargada era Pedro. El de faz resplandeciente, que dedicaba una sonrisa al aire en plena mañana, era Carlos. El amado. El padre dedicó toda su vida a odiar y amar sin prejuicio alguno ni disimulo. Los hijos, cada cual con su destino establecido, alcanzaron la madurez a la par que su padre la vejez. Ya en su lecho de muerte, mandó llamar a su hijo Carlos.
- Dime, padre. - Muy pronto abandonaré este mundo, y te quiero dejar todo aquello que he conseguido en la vida. - Padre. ¿No sería el momento de perdonar a Pedro? - ¡Jamás! ?Bramó.- si por algo me voy satisfecho, es por la vida que le he dado. - Debo confesarte algo, padre; tanto mi hermano como yo hemos tenido tu amor y tu odio. -No te comprendo... Nunca le he demostrado la más mínima muestra de cariño. - Nos cambiábamos la ropa... Nos hacíamos pasar el uno por el otro. - ¡Maldito seas! Al menos tengo el consuelo de haberle amargado la mitad de su vida. - Pero, padre... ¿A quién? Porque uno tuvo el cariño de su padre la mitad de su vida, y el afecto y sacrificio de su hermano la otra mitad. - ¿Quién de los dos eres tú? ?Preguntó desconcertado. -Un no de tus hijos. Uno que te quiere. Y marchó sin mirar a tras. Sospecho que el amor y el odio, se acercan más a un instinto que al sentimiento.
Jesus Cano Jesus Cano
Sangre
Las gotas al caer iban haciendo circulitos en el suelo, quedaban espectaculares, su fuente estaba en la escalera, donde con una posición imposible y una mueca que no denotaba nada bueno, el cuerpo acribillado a balazos del más fiel sicario del jefe, yacía a la espera de qué el forense de turno, dijera la causa y hora de la muerte. Mientras se entretuvieron en retirarle unos fajos de billetes que asomaban por los bolsillos, esta vez la paga cambiaría de manos. Alfred
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