Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas, pienso en como era yo antes; cuando aún podía gritar desde el alma y correr sin miedo y amar sin reglas y reír sin tregua… luego vino esto. No me quejo, hubo quien salió peor parado que yo de aquel maldito accidente, pero… ¿hasta cuando la vida merece llamarse vida? No soy infeliz, no, hay días indoloros en los que aún puedo salir al parque y sentir el sol en la piel, pero… Ahora que me he deshecho de las pastillas y he logrado colocar la silla de ruedas en lo alto de la cuesta me dejaré caer suavemente y volveré a ser un ser humano feliz, sentiré el viento en la cara y la emoción en la piel y después… después la nada.
desasosegada
desasosegada