lunes, 6 de mayo de 2013

auxilio social

Necesitamos recobrar valores trascendentes, para solidarizarnos con el dolor y auxiliar con nuestra “migaja de pan” al desheredado…

Kim Bertran Canut

martes, 30 de abril de 2013

Y siguió la vida ...

Me hubiera gustado presentarles a mi madre, pero ya es tarde.
Durante mi infancia era una mujer altíiisima (ni se imaginan lo que había que estirar el brazo para coger su mano y lo que me tocaba correr para seguir su ritmo) y extraordinariamente poderosa; podía curar un dolor con besos o colocar la luna sobre nuestra casa para su luz nos velase.
Gradualmente pareció encogerse hasta que tuvimos la misma altura !que cosas! .Su carácter también cambió: se volvió bastante pesadita, todo el día preguntando donde o con quien estábamos.
 Y siguió la vida.
Un buen día, fui yo quien se convirtió en madre y ella descargó de mis hombros todo lo que los suyos pudieron asumir.
Y siguió la vida hasta convertirla en una anciana pequeñita con un aire conmovedor de desamparo que me hacia sentir enorme y poderosa. Tuve que convertirme en sus brazos, en sus piernas y finalmente en su cabeza.
Ahora que ya no me oye he de confesarles que no fue perfecta, ni muchísimo menos, pero fue la mejor madre que pude tener.

desasosegada

domingo, 28 de abril de 2013

Corrígeme?si es llanto.

Ayer anduve por tu barrio, di patadas a las piedras y latas vacías de las callejuelas estrechitas, conocí la iglesia demolida por los “rojos” en la guerra civil española, vi críos sin escuelas, esnifando pegamento en bolsas, envueltas en papel de regalo. Por entre la arena y la hierba iban y venían, bicicletas “maquis” de colores tristes, sobre el polvo húmedo de la lluvia ácida del amanecer, abuelas enfermas de Chernobil rezando a vírgenes comunistas, vestidas de generales nacionalsocialistas alemanas…en este pueblo tuyo, visité las arterias de Vietnam, Corea, Irak, Afganistán… Crecían por doquier albañiles edificando muros…éstos separaban tu mundo del mío. Las flores sesgadas en los áridos campos de internamiento marchitaban, mis recuerdos electrocutados por camisas de fuerza y fusilamientos de la razón, saludé al sol con la amputación de mi brazo ¿recuerdas las minas en el sembrado de alambre de espino? Sí, también lo crucé jugando al e scondite Inglés…El cielo estaba ensangrentado, creo que habían degollado las blancas nubes con formas de ovejitas…tan rojo estaba el territorio, que por un momento vislumbré el carmín de tus labios besando la aurora de los sentimientos, y el pétalo de rosa carmesí, aplastado, entre las páginas beige de “El corazón de las tinieblas” Ah…el horror, el horror…

Kim Bertran Canut

jueves, 25 de abril de 2013

Del precio de la muerte y del kilo de tomates

Cuando supo la noticia de su fallecimiento, estaba comprando tomates. Los palpaba con la mano envuelta en el guante de plástico e introducía los elegidos en la cesta. El móvil sonó dentro de su bolso, se atropelló un poco hasta que consiguió responder. -¿Es usted la esposa de Luis González? Lo supo, en ese instante mismo lo supo, y ella estaba allí, entre tomates. Días más tarde, ante la fatalidad de no haberse ido con él, solo podía pensar y desear haber estado en casa con un café, con un libro, ante la tele, pero en casa, el santuario que habían edificado juntos. No soportaba la idea de haber estado frente a unos tomates sin haber siquiera intuido que él en esos momentos exhalaba su último aliento, probablemente deseando aferrarse a la vida para continuar a su lado. El destino había querido que ella le dedicara su último pensamiento en vida degustando el ragú que tan bien sabía preparar, pero justo unos segundos antes pensaba que el kilo de tomates estaba más caro. El drama superlativo del fin del otro no merece algo tan prosaico. Aquella tarde, en aquel supermercado, los megáfonos alertaron al personal de seguridad para que acudieran a la sección de frutas y verduras.



miércoles, 24 de abril de 2013

"...divaguemos ligeros, que nos lleve el viento?"

los bancos no dan crédito y las postales ya no llegan a esta parte de la metrópoli…Estancos y tabernas, no busques librerías ni bibliotecas…aquí en la esquina encontrarás ganjah y coñac de caña, guarapo y otras hierbas. Han desembarcado los marines y arman bronca con los Hare Krishna, y los negros rastafaris, bailan sus danzas ancestrales de soca y calipso y los “cacerolas de acero” crean música con viejos barriles de petróleo. De una ventana de tronco colonial, acecha mister voodoo…Cuelgan carteles despellejados de Malcolm X y Martin Luther King y “Alístate, lucha por tu país” y frases insurrectas del Black power…la existencia fluye casi siempre con gentes atribuladas, sin prisas, descoloridas y naufragadas, presenciando un partido de futbol en un pequeño televisor sin voz, sin color, agitados los matices del arrebato…un reverendo grita: “Jesús vive entre nosotros” y un visionario despotrica contra la multitud, dice algo sobre la torre de babel y el fenecimiento del mundo por las plagas del Apocalipsis. La policía carga contra los panteras negras, que defienden a los hermanos de la parroquia…esto es un collage viviente, y así, en cada jornada, hierve el puchero en el infierno de tantos suburbios, en esta tierra socialmente enfermiza…y nada puedes hacer, salvo, esperar tu ración de garbanzos…

kim Bertran Canut

martes, 23 de abril de 2013

El corrector incorregible

Mi mujer se llama Bibi, y siempre se está quejando de mi deformación profesional. Soy corrector de textos, y de los mejores. ¿Qué le voy a hacer? Bibi no soporta que siempre vaya recogiendo todos los papeles del suelo y encima los lea de principio a fin. O de fin a principio, porque además tengo la manía de empezarlos por el final. Y que, atento sólo a la ortografía y al estilo, ni siquiera me entere del contenido de lo que leo. Hoy mismo, al volver de la editorial, he encontrado en el portal de casa esta nota manuscrita que alguien ha perdido. Es evidentemente una nota confidencial, pero ¿en qué dirán ustedes que me fijo yo? Pues en la “k” de ese “te kiero” de despedida, escrito así, con “k”, estilo bakala, o perroflauta, o qué se yo. La gente escribe que da pena. O en ese “Dale ya puerta a tu maromo y píratelas conmigo”, que no puede ser más barriobajero. ¿Qué va a ser de nuestro idioma? Y sobre todo vean este desastroso encabezamiento: “Querida Viviana”. ¡Con dos uves, por favor, qué disparate, cuando es bien sabido que se escribe con dos bes! ¿Adónde vamos a llegar?

El Manco del Espanto

Compatibilidad obsesivo compulsiva

Tenía un TOC, trastorno obsesivo compulsivo. En las escaleras, por cada dos peldaños que subía, bajaba uno. No podía evitarlo, si subía de una vez, algo horrible pasaría y él sería el culpable por desencadenar el bucle caótico del efecto mariposa. Cuando alguien le miraba raro, decía: "Prescripción médica, tengo que ejercitar las articulaciones". Aquel día, estaba deseando llegar a casa para darle un beso y más a su mujer. El ascensor no bajaba y vivían en el noveno piso. Se lamentó lo justo y empezó: "Subo dos, bajo uno, subo dos, bajo uno..." Entró y la encontró en la ducha. El esfuerzo había merecido la pena. Unos minutos antes, el vecino había llamado a la puerta, venía a por azúcar, ella fue generosa y le ofreció el mejor almíbar de caña. Había mirado el reloj, él no tardaría en llegar. Invitó a pasar a su vecino y salió un momento al pasillo, llamó al ascensor y bloqueó la puerta dejándola abierta. Así ganaría tiempo, incluso el doble "subo dos, bajo uno". Tenía un trastorno obsesivo compulsivo, no podía evitar serle infiel a su marido, si no lo hacía, algo iría mal: quererle a pesar de todas sus manías.



domingo, 21 de abril de 2013

En el cementerio...

Frescas losas… dan ganas de tumbarse a leerle, un poema, al maestro y pasear por las angostas callejuelas, admirando el paisaje, cipreses y a sus “gentes” que descansan in eternum…es curioso como cuidamos nuestros mausoleos y pirámides, según la religión, raza y cultura…unos en la tumba, tienen unas entradas para ponerles comida y especias y además deben mirar hacia la meca, otros llevan flores, otros van a comer, beber y cantar al lado de “su muerto” para estar toda la familia…”Están locos estos romanos”…diría que vivimos mejor muertos…ajajá. Bien, vayámonos a dormir y descansemos en paz que diría Poe…

Kim Bertran Canut

jueves, 18 de abril de 2013

UN 901 (UN MUERTO)

El día se le hizo eterno, si bien los minutos terminaron de desatar las últimas sombras de aquella infortunada jornada. La situación está tan difícil que ni la gente se quiere morir, renegó. Se levantó absorto por el dolor en los pies a causa del sobrepeso notable. Ni modo de solicitar un anticipo porque la vieja propietaria de la funeraria se llevó hasta el último peso. Suena el teléfono. Una voz apresurada le solicita que concurra lo más rápido posible a la Clínica del Sur. Como pudo llegó a la morgue, donde por más que insistió, le respondieron que no había ningún cadáver. Algo le decía que tendría que eternizarse allí por culpa de los complicados trámites. Así que decidió sentarse y esperar junto a otras personas en la fría sala de espera. Una nueva indicación se produjo en su teléfono. Todo estaba aclarado y podría irse a casa. Pero por la voz que le habló, adquirió una máxima palidez, hasta helar su sangre. Esa siniestra llamada a su celular fue el santo y seña para un desconocido que, surgiendo con furor demoniaco desde las sombras, le disparó. El cadáver que debían recoger era el suyo.

Guillermo Arnul Castillo Ruiz

Gimnasta

Se besó el trasero y al hacerlo sintió un éxtasis, una embriaguez de plenitud. Sus labios encontraron el punto justo de turgencia y morbidez que había imaginado tantas veces. Los largos meses de constancia, de esfuerzo sostenido y doloroso, daban por fin su fruto. Aquella era la primera vez y habría muchas más. Ladeó la cara hacia el espejo y admiró su cuerpo desnudo de gimnasta, ahora en una posición inverosímil y antiestética, pero aun así de una hermosura fulgurante. Paseó la lengua por los poros levemente erizados con la dedicación y el deleite de una gata entregada a su aseo. Ante ella se abría un futuro de amor, de sensualidad y ternura ilimitadas. En el mismo umbral de la felicidad oyó un chasquido inoportuno, seguido inmediatamente por un dolor inhumano y desgarrador que abrió la puerta del infierno, hasta que un caritativo desmayo la fundió en negro. Ahora, en la cama del hospital, nadie se explica la sonrisa beatífica. Nunca se ha visto, comentan por los pasillos, que un desafortunado accidente laboral deje a alguien con ese semblante satisfecho y soñador.

El Manco del Espanto