martes, 17 de septiembre de 2013

Frank o Tirador

El fracaso a veces conduce a intrusas decisiones en el orden que la razón pretende imponer. Ante la pérdida de sus expectativas presentes y futuras -las pasadas se extraviaron entre calamidades- Frank Guddey se transformó en francotirador. Francisco Buendía, oriundo de México, mudó su nombre y apellido al inglés de la mejor manera que supo. Su experiencia con las armas se reducía a la vil muerte de algunos pajarillos con un rústico tirachinas en su infancia. Adquirió un rifle de asalto y una generosa dosis de munición con la facilidad de quien compra una lata de conserva; siguió las instrucciones para cargar el arma y ni siquiera intentó probar su eficacia. Se dirigió hacia el primer centro comercial que encontró y desde su propio coche apuntó y disparó a bulto hacia la maraña de personas que entraban o salían. El retroceso del rifle desplazó violentamente su cuerpo hasta el asiento del ocupante y todo el cargador se vació dentro del vehículo no quedando indemne un solo cristal de ventanilla. Frank, con su rostro desfigurado por el pánico y el hombro dolorido, salió con las manos en alto esperando que alguien esposara sus muñecas.

country49

Llegó el final

Una sirena resquebraja la noche portuaria, mientras,  los viajeros se acomodan.
El barco, cual torre de babel tendida sobre las aguas,  parte hacia oriente; tres mil personas agitan sus pañuelos despidiéndose de su vida cotidiana.
Acunados por el vaivén del mar; nobles y villanos, prohombres y gusanos comparten destino mientras mueven patosos las caderas en clase de bailes caribeños. El sol les uniforma con un elegante color dorado que todos lucirán, cual medalla, a su vuelta.
En cada  puerto, el barco vomita su preciosa carga volviendo a engullirlos al caer la tarde.
El periplo concluye en mismo lugar en que empezó y entre prisas y sonrisas se produce la diáspora.
Cuando la sirena del barco vuelva a resquebrajar  la noche y parta con otra remesa humana, nuestros amigos, ataviados con corbatas, buzos, delantales o uniformes, regresaran a su vida, conscientes de que llegó el final, por una semana se olvidó que “cada uno es cada cual”.

desasosegada



SUPERPODERES

Los superpoderes existen.

*

Hay que tener superpoderes para aguantar la estupidez ajena. Para soportar la propia no son necesarios porque nacemos con una estúpida ceguera que nos impide calibrarla.

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Hay que tener superpoderes femeninos para llevar un velo cuya obligación inventó un hombre y que otros hombres controlan que lleves, pero sobre todo para llevarlo con orgullo, con gracia y con una sonrisa en los labios.

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Hay que tener superpoderes vitales para sobreponerse a ser un lisiado toda la vida por culpa de un aparato que uno de esos países que supuestamente promueven la paz ha vendido a tu propio país, incapaz de fabricarlo aunque muy capaz de utilizarlo.

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Hay que tener superpoderes transigentes para soportar que te mientan en la cara mientras piensan que eres un imbécil que desea escuchar mentiras que sólo se han inventado para hacer negocio contigo.

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Hay que tener superpoderes para aguantar a Dios.

Alfons o Blanco

Peligro Peatón

“Buenos días, mi nombre es Ángel y soy peatón en proceso de rehabilitación”.

“¡Hola Ángel! ¡Todos somos peatones!”, corearon para hacerlo sentir uno más.

-Hace ya casi diez días que he dejado de caminar por la ciudad –continuó-.

Sólo doy los pasos imprescindibles y sólo, si hay razones suficientes. Me he jurado no volver a cruzar una vía, no era consciente de que había desarrollado una adicción perniciosa.

De paso, he dejado también de matar, no he vuelto a empujar a nadie desde el bordillo a la calzada aprovechando el tráfico denso y rápido de las madrugadas.

http://montesinadas.blogspot.com.es/

Montesinadas

lunes, 16 de septiembre de 2013

Hoy te he visto pasar.

Hoy te vi pasar por mi camino talado

entre desengaños, traiciones, olvido y pesares

Por haberte amado tanto, por tu amar falto

hoy te encontré llorando, lamentando tus errores

Hoy te he visto suspirar, oír replicar los tambores

de angustia recluida en la oscuridad de tu gozo

En el pozo de mi orgullo deseé verte reflejado

en mi sentir rasgado por la soga de tus acciones

Por haberte amado tanto, por tu amar falto

hoy te vi pasar tímido por mi camino talado.

Loli Lopesino.

TROMPAS

Hace milenios los elefantes eran pequeños, no tenían trompa ni colmillos y comían arbustos. Tantos comieron que solo quedaron árboles. La naturaleza, que siempre respetó su glotonería, los hizo crecer y les proporcionó colmillos para poder arrancar los árboles a cuyas hojas no alcanzaban.

Andando el tiempo una epidemia de tristeza abatió a la mayoría de ellos. La naturaleza investigó cuál podría ser la causa; cuando supo que los colmillos les impedían besarse hizo crecer su nariz con el fin de que se pudieran acariciar.

Alfonso Blanco

En mí, solo tu mirada, difícil dicotomía.

Hollé el arenal sintiendo el frío en cada caduca pisada que dejaba -yo, nací huella efímera- y Tú mi mar que todo de mí te llevas ¿Por qué así me maltratas? Escribo de tí, de tu brisa, del nacer aire y mezclarte con mi sangre, Tú, mi mar que todo te doy ¿Por qué, así me maltratas? queda lejos la luna y sé que sois tal, ¡Oh! mar, mi mar, cuánto de mujer te inventas. Te hablo desde éste mirarte lejanía, justo al borde del tiempo sin nombre. Yo te amo ¡oh! mar mi mar, si a cada ola yo voy, y muero. Ya no bajaré a los arenales, te escucho luna ¡Qué lejana estás!, tanto como mi vida. En mí, solo tu mirada, difícil dicotomía.

Ramón María

viernes, 13 de septiembre de 2013

Anticristo

Pulió su personaje hasta la perfección. Tocaba el violín ante los pórticos de las catedrales vestido totalmente de negro. Los turistas se arremolinaban y le fotografiaban boquiabiertos, impactados por su mefistofélica apariencia. Era además un virtuoso y sus diabólicos “pizzicati”, que habrían asombrado al mismísimo Paganini, ponían los pelos de punta. Su presencia empezó a incomodar, algunas diócesis alertaron contra sus apariciones y los clérigos se asomaban para rogarle que se alejase. Pero el violinista era persistente y ubicuo. No se arredró cuando en Burgos una gárgola le pasó rozando y se hizo pedazos a sus pies, ni se amilanó su arrogancia cuando un rayo calcinó un árbol cercano ante Notre Dame de Chartres. Hasta que una noche, en Colonia, su violín emitió un maullido desgarrador justo antes de que San Miguel Arcángel, que ocupaba el parteluz del pórtico norte, se desplomase con su lanza y el concierto finalizase abruptamente cuando el instr umento y la cabeza del concertista rodaron juntos por el suelo.

El Manco del Espanto

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Spinning

Sus piernas eran incansables, y no paraban de dar pedales. Mientras, distraía su mirada hacia la venta; viviendo caer la lluvia sin perder el ritmo de la música. Empapada en sudor, secaba su rostro con la toalla.

Las manecillas del reloj, estaban a punto de llegar a su hora. Aunque dicho movimiento fue imposible, por el gran estruendo que propino el rayo; cayendo el reloj al suelo. Perpleja y asustada, decidió dar por terminada la clase.



Yolanda Munoz-http://wp.me/3h9BN

Preludio de otoño

Dice mamá que hoy es un gran día porque voy a volver a ver a mis amigas y al profe y a tocar el violín en el conservatorio.

Yo la creo, porque casi siempre razón pero… en el pueblo no se estaba mal.

Mamá dice que allí no debemos estar mucho tiempo porque nos asilvestramos y nos aburrimos.

Pero yo allí puedo tirarme con la bici por las cuestas y chillar como una loca jugando al tepillo. Además no tengo nunca prisa, porque la abuela me llama desde la ventana cuando tengo que volver.

También se puede pescar pececillos, bañarse en el río, hacer concurso de escupitajos, coger mariposas y otro montón de cosas.

Ayer lloré un poquitín despidiéndome de los abuelos, pero casi nada porque ya soy mayor.

Hoy con mi uniforme nuevo y los zapatos relucientes estoy más contenta; sobre todo porque voy a jugar con la mema de Marieta que es mi compa de pupitre, escuchar las monsergas del profe procurando dormirme con los ojos abiertos y tocar l a mierda esa del violín que suena como un gato con el rabo pillado por una puerta.

¡En fin la típica vuelta a cole!



desasosegada