sábado, 23 de octubre de 2010

Carta de despedida

Querido hijo:

He hablado con la muerte esta semana. Dijo que vendría pronto a buscarme y que me llevaría con ella para siempre. Desde entonces la espero todas las noches sentado junto a la ventana, contemplando las estrellas. Mientras el ronroneo del viejo tocadiscos agita mis pies, tarareo recuerdos de antiguas melodías de amor. En esta animada calma aguardo su llegada. No llores, hijo. No sufras por mí. La muerte luce el cándido rostro de tu madre.

Saryle

Liberación

Cuando me sentí acabado, terminado en mi andadura humana. Fuí preguntado qué podría ser en mi siguiente vida y sin dudarlo un segundo, elegí ser tigre: Un animal extremadamente bello, singular, y de una nobleza sin igual. Seguía estando solo, como en mi condición humana, aunque esta vez podría defenderme a mi mismo y a mi familia. Seguía caminando a hurtadillas, mezclándome con la naturaleza, esta vez, de participe noctámbulo, aunque en vez de hacerme enteder con palabras era a dentelladas.
21

40 rosas.

El ramo de rosas resaltaba en la habitación. La llenaba, la colmaba de perfume y color. Igual que él, que saturaba su vida, su espacio y su tiempo, hasta la extenuación. La inundaba de tal forma que la rebosaba…exactamente igual que ese ramo, que de tan excesivo ya resultaba nauseabundo. No podía herirlo, era su forma de querer. El teléfono sonó. Una amiga de la infancia. Recién divorciada. Sonrío, su problema parecía tener una solución.
Damadeltablero.

El devorador

Era un verdadero animal. Capaz de comerse cualquier cosa, por desagradable que pareciese. Sobrevivió gracias a ello y, como no, muchos se enriquecieron a su costa.

Primeros amores

Llegó mi padre de la calle con su clásico buen humor mientras yo estudiaba en mi cuarto. Abrió la puerta y en el mango de su paraguas reposaba una carta para mi. Era de mi novia y mi padre me hacía rabiar jugando a que no la cogiera.
Cuando me llamó a cenar no fui. Me consoló tratando de leer entre aquellos borrones que ocasionaron mis lágrimas. Siempre con buen humor.
Cormoran

Liberación -Cormoran-

Fue toda una liberación. Dedicó 20 años a la empresa y gran parte de su vida personal por ello. Ahora solo le faltaban 5 para jubilarse y poder dedicarse a su familia y a si mismo cuando le anunciaron el cierre de la empresa, que como se declaró en quiebra, le indemnizaría por lo mínimo y a saber cuando.
Esperó al gerente a la puerta de su casa, le miró a los ojos y le sonrió. Se acercó despacio y con confianza. El parecía recular temeroso, pero no pudo evitar que le abrazara. Gracias, dijo.

Crema de verduras

Dentro del perolo hay que poner a hervir las verduras, las legumbres y las hortalizas con un poquito de sal. Luego, cuando estén bien cocidas se pasa todo por un chino y se le añade un poco de nata para darle el toque cremoso. Se sirve, y el que quiera, espolvorea pimienta o comino. Dicho lo cual se despojó del mandilón y tumbada encima de la encimera fue degustando, sin prisa, aquel hacer de su alumno más aventajado.
Cormoran

¡Tinta, tinta, tinta, todo lleno de tinta!
Cariño ¿Qué ha pasado aqui? Te he dicho mil veces que, por favor, respetes mis cosas, o por lo menos mi escritorio. Estoy hasta la coronilla de tu falta de respeto, y no solo por esto, tu ya me entiendes. Lo de tus amiguitos, tus compañeros de trabajo, la vecina de abajo...¿Y lo nuestro qué?¿Cariño?
Entre la tinta desparramada aun pudo leer "Adiós"
Cormoran

¿Qué ocurre, doctor? (1ª parte) - (papelylápiz)

Sólo es un zumbido, nada más,
sólo avispas tenaces en enjambre
alojado entre tus dí­as y tus noches,
nada más.

"Los oí­dos están bien, será el cerebro,
quizá duermes poco, quizá el estrés"
No te sirve ese diagnóstico, tú sabes
lo que te pasa, tú bien lo sabes.

De vuelta a tu trabajo, desconectas
la radio del coche, sin música ni publicidad ni bla-bla-blá,
y al paso te desví­as, te detienes
en ese parque cuya arboleda invita a la búsqueda
de un silencio quebrado y perseguido.

... / ... (sigue en 2ª parte)

¿Qué ocurre, doctor? (2ª parte) - (papelylápiz)

... / ... (continuación)

Y es cuando asoman todos esos rostros,
con su expresión y sus nombres en un veloz repaso que no
                                                                    entiendes, pero luego
sólo ves a tu madre,
sólo ves a ese niño de barrio en la ciudad que dejaste,
y te da por recordar aquella espera
del tren, escuchando su avance sobre los raí­les,
toda la pandilla calculando su distancia,
todos esos corazones agitados con el silbo de la locomotora,
pero sabiendo retirar a tiempo
la cabeza.