Damadeltablero
Espacio de creación de microrrelatos,
cuentos cortos y otras formas de
literatura breve, al acceso de cualquiera.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Desayuno sin amante
Sirvo el café. Las tostadas están calientes. Mi alma fría. Todo perfecto, el zumo recién exprimido. Contemplo la naranja. Está tan estrujada y vacía como yo. Me saluda con el beso volado de cada mañana. ¿Cómo logrará no rozar la piel? Tan lleno de prisa como siempre, me anuncia su ausencia hasta la noche. "No, no te esperaré despierta. Sencillamente, no estaré. Díselo tú a mi amiga."
En Viena.
Sin pensárselo tomó el funicular. Según ascendía el alumbrado de la ciudad se alejaba. Sobre el Prater la niebla difuminaba las luces de las farolas y de los anuncios. Miró hacia abajo, la gran noria giraba de forma fantasmal. Los chirridos del funicular le ensordecían, al cabeza le daba vueltas, sintió miedo de sus propios deseos y cerró los ojos.
Marsa
Negra sombra
Perseguido de cerca por una chilaba engorrosamente pegajosa, salto como buenamente puedo al primer tren con dirección a Meknés. Me cercioro de que no me sigue, y por fin disfruto del variado paisaje que atravesamos. Pueblos, gente caminando, huertos, más gente caminando (¿serán siempre los mismos?), una sombra que ara tras un caballo. ¿Una sombra? La negra burka se mueve fatigosamente. Con el alma encogida, pregunto a mi vecino de compartimento, un educado mufti: "Ah, eso es un caballo que ara".
tapia
Hierática
Aquí las mujeres o bien van en grupo, o bien son invisibles. Por eso me sorprende ver a esta solitaria belleza, embutida en un brillante caftán color turquesa con bordados plateados en la empuñadura y el cuello. Tal vez atraído por su rara soledad, decido entablar conversación con ella. Pero la hierática belleza ni se inmuta ante mi descarado flirteo. Bajando las empinadas calles con mi hombría tocada, no hago mucho caso de los maniquíes de yeso que anuncian bellos caftanes desde los escaparates
tapia
Es amarillo...
"Nena,te he pedido la corbata amarilla" Con una calma infinita esperó que volviera con la corbata. Si lograba acertar, una sonrisa se dibujaría en su cara. ¡Era tan hermosa cuando sonreía! Ella debía sentirse útil y él, seguía todos los consejos de aquel médico, jovencísimo, que se había convertido en su oráculo. Ya vuelve. Lleva un pañuelo amarillo y una mirada interrogante. Hoy va sin corbata a la oficina, pero lleva un pañuelo amarillo en el bolsillo. Lo ha cambiado por una sonrisa luminosa.
Damadeltablero
Tangerina malignidad
Vago sin rumbo por lúgubres y tortuosas callejuelas, todas ellas extrañamente cuesta arriba. Sin haberse alzado el sol, la noche me envuelve alevosamente. Percibo la negra sombra de una chilaba y pasos amortiguados por babuchas. Siento una intensa presencia maligna. Angustiado, busco escapar de la Casbah, pero no hay calles en bajada: Todas me llevan hacia la cima, desde donde sólo puedo saltar al vacío. El golpe me despierta. Sudoroso, busco tambaleante la llave de la luz y un vaso de agua.
tapia
En Florencia.
En el Ponte Vechio, fruslerías para turistas; me detengo ante un expositor de cristal de Venecia. Tomo un vaso rojo, grueso y fuerte como tu joven corazón. Me miras, sonríes y me lo ofreces. Sé que estamos pensando lo mismo. Apoyo mi cabeza en tu hombro y llegamos a la Plaza de la Paja, allí una joven toca el chelo con tal virtuosismo, que nos paramos para escucharla. El David de M, Ángel nos despide sin vernos.
Medina y Casbah
El frío y la humedad de la noche aún no han sido sublimados por el sol, que se está tomando más tiempo del razonable para empezar el día. En la penumbra veo a los mismos hombres desocupados, sentados en las mismas terrazas de la víspera. Penetro en el sombrío e inextricable laberinto de la Medina, vacío de personas, ruidos y olores. Deambulo solo hasta perderme. Siento una presencia inmaterial a mi lado. Me guía hasta la Casbah, desde donde contemplo el Estrecho que separa este mundo del mío.
tapia
En Roma.
Santángelo vigila desde la altura y mira hacia los palacios del poder porque espera males presagiados. Se abre un camino de trigo, pomodoro y queso, expandiendo sus olores. Corren los niños al salir del colegio, dichosos por su parcela de libertad. Parejas de todas las edades cogidos de las manos intercambian palabras de amor. Suena el Tiber con ruidos eternos. Duerme Miguel Angel en una capilla sin par. Baila el aire, y suena el tiempo.
Marsa
Hôtel Biarritz
Subo las amplias escaleras que dan dignidad añadida al modesto hotel, y entro en la habitación. Allí está, sentado en el sillón del fondo, blancos cabellos, blanco bigote y dignísimo porte. Está leyendo el diario que él mismo había escrito, describiendo el viaje que había iniciado en esta misma habitación hace 40 años, en Tánger. Quiero preguntarle por su presencia y su lectura de aquello que aún había de sucederle. Pero una ráfaga de aire mece las cortinas y se lleva la imagen de mi abuelo.
tapia
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