Ha pasado el verano, donde recargar las lunas en el pelo, y renovar de poesía salada la mirada.
He visto cómo se han aunado esperanzas y deseos, trenzadas a noticias de pobreza en diferido. Un plasma llegó a dejarme atónita, sintiendo la inclusión de escarcha en las venas. Sentí con ello, algo de organismo tocado por la podredumbre y el desapego.
Imágenes inhumanas de coágulos por digerir han trastocado a las siestas y a los abanicos, dejando un hedor a muerte sinsentido.
La luna hoy está callada. Observa cómo nos pondremos a abonar los campos de nuevos sueños, con quimeras más cercanas al corazón de la noche.
Ya pasado el verano, el otoño nos espera, con mil colores, al otro lado de la puerta.
Anónimo
He visto cómo se han aunado esperanzas y deseos, trenzadas a noticias de pobreza en diferido. Un plasma llegó a dejarme atónita, sintiendo la inclusión de escarcha en las venas. Sentí con ello, algo de organismo tocado por la podredumbre y el desapego.
Imágenes inhumanas de coágulos por digerir han trastocado a las siestas y a los abanicos, dejando un hedor a muerte sinsentido.
La luna hoy está callada. Observa cómo nos pondremos a abonar los campos de nuevos sueños, con quimeras más cercanas al corazón de la noche.
Ya pasado el verano, el otoño nos espera, con mil colores, al otro lado de la puerta.
Anónimo
Ella era la más bella de las novicias, y siempre la última en entrar al templo.
Crescencio se la fué conquistando en ardientes pláticas ocultándose en las noches.
Llegado el acto de amor sus cuerpos gozaban perdiendo noción del tiempo.
Huyó con él convencida de que era mejor un cielo seguro que uno incierto y tardío. Y además dudoso.