miércoles, 30 de enero de 2013

Treinta años y un día

Aquella tarde, cansado de especular con el futuro, abrió el diario y tuvo la valentía de escribir: "Estoy escapando de la amargura del presente soñando como un niño con un mañana luminoso. En cuanto asuma que esa luz nunca la podré sentir limpia, aunque exista, desaparecerá la frustración y me resignaré a este descanso forzado". Hubiera seguido escribiendo lo que poco a poco sería una confesión consigo mismo en toda regla. Y en algún momento se hubiera preguntado a qué razón se debía expresar arrepentimiento veintidós años después. Pero la megafonía anunció con su estridencia habitual que la luz se apagaría un minuto después para imponer la hora de dormir. Llegada la oscuridad, y con el diario en la mano y el cuerpo extendido sobre el catre, miró a través de la ventana y vio una luna muy parecida a la de aquella fatídica noche de cólera incontrolable. Sonaron a tiempo tres toses muy seguidas y cerró los ojos, agradecido por poder regresar de los recuerdos. A las siete en punto otra vez la imperativa megafonía. Pero mientras despertaba creyó que estrenaba otra vida.

Anónimo veneciano

Escena bucólica

La niña que saltaba a la comba no sabía que después de la centena se convertiría en saltamontes. Así ocurrió. Ahora, la madre, pintada de jazmín, la busca entre las yerbas, mientras el padre husmea, con sus bigotes gatunos, entre las macetas. Es lo que hay cuando la familia es silvestre.



lunes, 28 de enero de 2013

El sueño de la estenotipista

Al principio, sus continuos sueños eran anecdóticos, pero entonces llegó la confusión y las fronteras de lo onírico y lo real se difuminaron cada vez más. Todas las noches, antes de dormir, anotaba lo que había sucedido durante el día, incluso quién era ella y quién no. A la mañana siguiente, al despertar, leía sus notas, solo así podía distinguir la realidad. Pero un día, tras leer una y otra vez "solo eres una estenotipista que nunca ha bailado desnuda bajo la luna. Ayer no sucedió nada", decidió quemar su cuaderno.



miércoles, 23 de enero de 2013

Ame

Cielo abierto, desencadenado: Ventanas cerradas, protectoras. Agua destilada y bendita, aunque no sagrada; tambores de caóticas cadencias, antiguas pero no clásicas; súbitos y transitorios fractales luminosos, dioses jugando a restañarse y a restañarnos: Que sólo fulminan lo no‐divino. Ojos cerrados, oídos explorando el delicado impacto de las gotas, vapor de agua condensado hasta alcanzar densidades críticas conducentes al precipicio, cientos de metros de caída libre sólo para tamborilear sobre el vidrio, para hacer aflorar memorias, el jardín trasero que sólo la madre visita, los cerezos en flor que sólo ella cuida, la tierra empapada que cierra el ciclo y devuelve vapor, escudriñando tras las correderas y paneles de papel arroz, acuclillado sobre el tatami, perfume de arroz hervido y sopa de miso, la toalla con que obasan te envuelve, el padre, dónde el padre, la lluvia que todo lo abraza. Fractales apagados, murmullo silente, líquido en danza colectiva, origami de edades, memorias y continentes.

t

Extremos

En la complejidad de las redes, de vez en cuando, hasta se producen milagros: -Revivir como se separa el grano de la paja, Sentir el aire que "venta" y el grano en las manos. Dormirse en la paja de cara al cielo, ver el orden de las constelaciones entre las estrellas y escuchando cuentos que parecían ciertos. Con una luz de candil a lo lejos, y olor de tortilla de calbacín en el viento. -Se juntan los extremos.

arena

sábado, 19 de enero de 2013

Albedrío inmarcesible

Sólo los seres que envejecen experimentan amor. Condición necesaria, pero insuficiente. Los cardiomiocitos, que no son inteligentes ni sabios, aun siendo algo autónomos por ser de contracción organísmicamente involuntaria, envejecen. Pero no aman. Requisito adicional, albedrío.

rrataplans

viernes, 18 de enero de 2013

El deshollinador

Guardó con gesto elegante su pañuelo en el bolsillo de la chaqueta. En su paso por grandes mansiones decoradas con obras de arte a las que protegía del acoso del tizne volador, el deshollinador había ido adquiriendo las maneras de sus dueños, atento a cada gesto y movimiento. Su recurso primordial no era el cepillo sino el paño que le permitía clarear los ojos y presenciar, en una suerte de pase privado, la obra que las finas rendijas entreabiertas del tiro proyectaban en la pared de la chimenea. Los escondites favoritos de los niños, el consumo de destilados del aristócrata y su sorda guerra con la señora acerca de la ubicación del reloj de bronce del abuelo no eran sino escenas clásicas salpicadas de nuevos capítulos de una historia con la que el deshollinador ilustraba a sus hijos. En su visita en primavera recogía el aprecio del gordinflón Viejito Pascuero, quien a su paso navideño por el fogón familiar recompensaba su impecable trabajo llenando de presentes un calcetín feo y oscuro que el deshollinador, ilusionado, clavaba oculto a tres varas del descenso y del que, año tras año, asomaba un nuevo pañuelo.

Alsquare

Llegado el tiempo de resumir

Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas, pienso en como era yo antes; cuando aún podía gritar desde el alma y correr sin miedo y amar sin reglas y reír sin tregua… luego vino esto. No me quejo, hubo quien salió peor parado que yo de aquel maldito accidente, pero… ¿hasta cuando la vida merece llamarse vida? No soy infeliz, no, hay días indoloros en los que aún puedo salir al parque y sentir el sol en la piel, pero… Ahora que me he deshecho de las pastillas y he logrado colocar la silla de ruedas en lo alto de la cuesta me dejaré caer suavemente y volveré a ser un ser humano feliz, sentiré el viento en la cara y la emoción en la piel y después… después la nada.

desasosegada

martes, 15 de enero de 2013

Él y él

El maniquí del escaparate era exactamente igual a él: la misma cara, el mismo bigote, su pelo ensortijado e incluso un párpado algo caído como el suyo. Entró en el local con curiosidad y se probó las prendas que vestía su doble inanimado; cuando quiso dar un paso, su cuerpo, inmóvil, no le respondió, quedando clavado en el suelo. Los clientes se asombraron al ver un maniquí desnudo saliendo por la puerta de la tienda.

country49

lunes, 14 de enero de 2013

Experiencia

Tú crees conocerme en profundidad y que yo no te comprendo, y por eso te crees muy superior a mí. Pero solo finjo y conoces lo que yo quiero que conozcas. Y te dejo que me des consejos y sermones y tal. La verdad es que me río mucho de lo que dices sin que lo sepas. Mientras sigas invitándome y divirtiéndome puedes seguir a tu bola.

Cristina