¡Vaya usted a saber porqué, viajar en tren me encanta!
Su leve chacachaca me amodorra y me da por fabular. Hoy me afano buscando en mis vecinos las huellas de sus seres queridos.
Esa niña repeinada aferrada a la mano de su padre, lleva atados sus zapatitos con un enérgico doble nudo, deduzco que alguien ha querido asegurarse de que no tropiece, de que no caiga y se lastime.
Los chavales de ahí adelante se van de campamento, todos ríen despreocupados como si nada pudiera estropear la excursión; en otro vagón, sin duda, su profesor estará repasando billetes, reservas, autorizaciones.
Aquel hombretón saca de su fiambrera una hermosa tortilla, que sugiere el madrugón de alguien que se ha quedado en una casa con olor a fritanga.
En todos ellos descubro la presencia de “los otros”, de aquellos que les aman.
Veo asomar de mi bolso el plano de la ciudad a la que me dirijo y sé que tú lo has puesto ahí porque sabes que soy proclive a perderme, porque sabes que sin ti estoy perdida.
desasosegada
Su leve chacachaca me amodorra y me da por fabular. Hoy me afano buscando en mis vecinos las huellas de sus seres queridos.
Esa niña repeinada aferrada a la mano de su padre, lleva atados sus zapatitos con un enérgico doble nudo, deduzco que alguien ha querido asegurarse de que no tropiece, de que no caiga y se lastime.
Los chavales de ahí adelante se van de campamento, todos ríen despreocupados como si nada pudiera estropear la excursión; en otro vagón, sin duda, su profesor estará repasando billetes, reservas, autorizaciones.
Aquel hombretón saca de su fiambrera una hermosa tortilla, que sugiere el madrugón de alguien que se ha quedado en una casa con olor a fritanga.
En todos ellos descubro la presencia de “los otros”, de aquellos que les aman.
Veo asomar de mi bolso el plano de la ciudad a la que me dirijo y sé que tú lo has puesto ahí porque sabes que soy proclive a perderme, porque sabes que sin ti estoy perdida.
desasosegada