martes, 2 de septiembre de 2014

Don Quijote en la biblioteca

Alonso Quijano, el célebre don Quijote, harto de permanecer oculto entre las páginas amarillentas de uno de los viejos volúmenes de una antigua biblioteca, aprovechando la soledad y el silencio de la noche y cerciorándose antes de que Sancho estaba sumergido en un profundo sueño, decidió salir en busca de nuevas aventuras y abandonar por unas horas su particular universo de papel.

La tarea no resultó sencilla, ya que, en previsión de lo que pudiese acontecer, se empeñó en llevar consigo la oxidada armadura y una de sus lanzas.

Gracias a la luz de la luna que iluminaba parcialmente la estancia, pudo observar que se hallaba rodeado de libros y lleno de júbilo se propuso encontrar alguna novela de caballería. Ayudado por su lanza a modo de pértiga, fue descolgándose por los estantes hasta topar con un libro nuevo y reluciente cuyo título llamó poderosamente su atención: “Los hombres que no amaban a las mujeres”. ¿Cómo serían aquellos hombres e n cuyo corazón no había sitio para ninguna Dulcinea? Tal vez necesitaban consejo de un noble caballero como él. Sin pensarlo un instante, se coló dentro. Quizás la mayor aventura todavía le estaba esperando.



Juana Mª Igarreta

jueves, 28 de agosto de 2014

La maleta (II)

Como en todos los cumpleaños, los recuerdos, formaban una parte indivisible con la realidad más cotidiana. Una memoria profunda como la suya, tiene la particularidad de que te puedes tirar y bucear en fondos abisales, repletos de imágenes semi-borradas, pero que ahí están; impertérritas al paso de los años, inmunes a la presión de océanos de olvidos.

A lo lejos, en lo más profundo, divisó una maleta: conocida, pero que no ubicaba perfectamente en el espacio-tiempo. Estaba cerrada, con llave, y claramente alguna vez había sido suya. Tenía en los lomos pegatinas de otros lugares, de fronteras conocidas, de otros países que su juventud hubiera resuelto sin esfuerzo. Fue a tocarla, cuando asustada, se percató que esta se movía. No podía ser. Un recuerdo es consciente, no puede tomar iniciativa...

Con poco oxígeno con el que resolver, intentó ubicar el objeto rebelde y no pudo sin más, que abandonar el recuerdo sin resolver de qué o quién se trataba . De todas formas era imposible que su amigo estuviera vivo tantos años dentro de aquella maleta, en donde una vez intentó meterlo para que formara parte de su vida.

Los niños tenían hambre y su hombre la miraba sonriendo como aquél que no tiene ni la más mínima sospecha de que una maleta vieja pudiera abrirse sola, sin la llave que una vez su dueña tiró al fondo del rincón más oscuro y olvidado que existe.

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La maleta (I)

Al despertar, abrió los ojos lentamente, como el que quiere despedirse poco a poco del mundo de los sueños y enfrentarse armado a un nueva jornada. Y es que no era un día más, era su aniversario, su cumpleaños. Una fecha marcada de diferente color en la agenda, dependiendo de su estado de ánimo, o mejor, de aquello en lo que su mente divagara.

Su vida estaba más o menos estabilizada. Tras varios volantazos en los últimos años, por fin, otra vez se sentía en el rumbo elegido. Las risas de unos niños felices, un hombre libre durmiendo en su cama... un paisaje idílico construido en cada minuto que la vida le había cedido a golpe del esfuerzo medido.

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miércoles, 27 de agosto de 2014

Pasando de historias

En cuanto sus padres salieron de casa, Andrés abandonó apresurado su habitación dejando plantados a Luis, María Antonieta y los demás. Recorrió el pasillo como una liebre acosada y, ya en el comedor, se lanzó en plancha sobre el parqué encerado para darle al play con la punta de su juguetón pulgar.

Y es que, por mucho que el examen fuera mañana mismo, para él era más importante disfrutar de un buen partido del Fifa que conocer las causas y consecuencias de la dichosa Revolución francesa.



Miguel A Algarra (relatos en minúsculas)

jueves, 21 de agosto de 2014

La siesta; placer de dioses

“Y al séptimo día descansó” asegura el Génesis.

¿Pero que creen? ¿Qué en los seis anteriores no se tomó ni un momento de reposo?

Seguro que después de trabajar duramente para encontrar un azul irresistible para el mar o para pintar un ojo de agua en cada pluma del pavo real, tuvo que pararse y descansar.

Fijo que eligió para ello una nube blanca y esponjosa en la que reposar sus cansados huesos.

Tal vez buscase para relajarse  un sitio bien ventilado en el que una leve brisa meciera sus cabellos… y así, en un placentero duermevela, soñando con una planta que produjera higos o con la  linea para la cintura de la mujer, perdería dulcemente la consciencia.

Las campanadas del reloj de la plaza me desploman bruscamente sobre el mundo de los mortales y dejo que Yahveh siga con sus “afanes” mientras yo me incorporo a los míos, eso sí, me siento como dios después de una siesta divina.



desasosegada

lunes, 18 de agosto de 2014

Divina luz

Creó, sin dificultades, cadenas montañosas y ríos caudalosos; desiertos secos y azules mares. No encontró problemas para poblar la tierra de animales y plantas. De un soplido, dotó de vida a las aves que surcan los cielos; y un gesto suyo fue suficiente para llenar de peces los océanos.

Sin embargo, cuando le pedimos iluminar el mundo, surgió el dilema. Y, tras comparar las distintas opciones, tan abusivas le parecieron las tarifas que, en un último alarde de generosidad, nos obsequió con el fuego.



Miguel A Algarra (relatos en minúsculas)

lunes, 11 de agosto de 2014

Otros agostos

Como los campos de fútbol sin fútbol o las cajas de bombones sin bombones, mi parking desnudo de coches, produce desasosiego.

A media luz camino entre las desoladas columnas esquivando algún que otro vehículo que parece abandonado en medio de la nada. Allí, al fondo, el mío hace un guiño de complicidad, como si fuese un perrillo que huele el paseo.

Las calles no son las mismas en verano, ni su ritmo, ni su luz. Reverbera el sol en el asfalto como si exigiera un pavimento menos brutal contra el que estrellarse.

¿Y el ruido? ¿Qué me dicen ustedes de la voz de las ciudades? Esa potente y bronca voz formada por tráfico, risas de los niños y sirenas de las ambulancias se vuelve ahora un susurro y se oyen los pájaros, se lo juro, si ponen atención pueden oír los trinos estivales de los pajarillos urbanos.

En fin, late la vida con sordina en agosto y los que aquí estamos, a caballo entre oficina y piscina, esperamos que disfruten de sus v acaciones, para que a la vuelta, que siempre hay una vuelta… no se olviden, podamos dejarles el timón de la nave y marcharnos a disfrutar de nuestro tardío descanso.



desasosegada

jueves, 7 de agosto de 2014

El rey sol: agosto, agosto...

Recuerdo, de niño, cuando salía al campo de La Alcarria. En el tiempo de la siega. Que doraba los campos de un oro y amarillo furiosos, infinitos.

Y, a veces, me tropezaba con las chicas y las mujeres por los caminos polvorientos. Eran como momias egipcias, vendadas de arriba a abajo, cubiertas de blanco, excepto los ojos, misteriosos y oscuros. Como pozos hondos en el interminable horizonte quemado, abrasado por el sol.

Entonces a las mujeres les gustaba la blancura en agosto. Como a las japonesas en todo el año. Quizá sabían, o intuían, lo que una vez dijo el maestro: Una mujer blanca y sin ropa, está doblemente desnuda.

Hoy me atorro, como todos, en una playa del Levante. La verdad es que el solazo frente al vaivén de las olas tiene su encanto. Esa dejadez, esa laxitud compartida, ese dominio absoluto del rey sol casan a la perfección con ese estado de ánimo que nos ofrecen los largos agostos aburridos y divertidos a un tiempo. Aburr idos por el día y por la noche, ¿quién sabrá?

Y las chicas se doran, se fríen al sol, vuelta y vuelta. Desconociendo, o tal vez no, que lo mejor siempre será ese espacio blanco y doblemente desnudo entre tanto marrón de quemazones y potingues.

Pero uno aprendió hace tiempo que no se pueden, ni se deben, imponer los paisajes. Ni exteriores, ni interiores.

Sino adaptarse a ellos. Formar parte de los mismos como una pieza más del puzzle en el que agosto nos engulle a todos.

Porque es el tiempo del rey sol. En el que todo quisqui claudica, excepto que esté a la sombra o enchufe el “Air conditioning”.

Y piensa entonces, fresquito, cuánto calor debían pasar mis paisanas de La Alcarria, o las japonesas, entre otras, por lucir blanquitas. Por renunciar a inclinar la cabeza ante el rey sol.

Y yo me meto y salgo del agua, cada dos por tres. Y luego vuelvo a la sombrilla. Porque soy de los falsos morenos a los que el sol l es sienta mal. Y no se doran ni aunque los lleven a la hoguera de la Santa Inquisición.

Como mucho se van poniendo rojos como un tomate. Quizá es que a uno no le gusta arrodillarse. Ni ante el rey sol. Ni ante la madre que lo parió. Agosto, agosto…

Había una canción que no sé si recuerdan: Cuando llegue septiembre, todo será maravilloso… Pues eso.

Francisco Rodríguez Tejedor

martes, 5 de agosto de 2014

Aires de guerra

—Mejor te largas ya —me espetó tras la servilleta—, pero una cosa te advierto —un trozo de espinaca ocultaba parte de su colmillo— que la casa me la quedo yo. Y a los chicos, ni tocarlos.

Resopló exasperada y las llamas de las velas se estremecieron. Entonces se acercó a nuestra mesa un violinista sin tacto para atacar una pieza romántica junto a su melena. Ella clavó muda sus uñas rojas en el inocente mantel blanco y el músico también comprendió que las guerras estallan sin esperar a los postres. Acabábamos de perder la paz y el tiramisú.

La lengua salvada (Mikel Aboitiz)

lunes, 4 de agosto de 2014

Luna llena sobre la tierra prometida

Estampidas de luz y humo inundan la noche ardiente, desgraciadamente, esto no es una fiesta.

Con los niños en brazos y lo imprescindible en una mochila, echamos a andar, “quizás buscando la vida o buscando la muerte, eso nunca se sabe”

Como la mujer de Lot no puedo evitar mirar atrás y veo alzarse columnas de humo en lo que hace un momento era nuestra casa.

La luna llena ilumina las hileras humanas al borde de la carretera y torna blanquecinos los aterrorizados rostros.

Tal vez tengamos suerte y podamos cobijarnos en algún lugar.

Tal vez podamos pasar allí una noche tranquilos, sin bombardeos, ni muertos.

Tal vez la buena fortuna permita que podamos llegar a un campo de refugiados donde nos espera el hacinamiento, el hambre y la inhumanidad absoluta, pero conservemos la vida.

Tal vez llegue un día en el que sobrevivir no sea el único objetivo.



desasosegada