Espacio de creación de microrrelatos,
cuentos cortos y otras formas de
literatura breve, al acceso de cualquiera.
martes, 22 de diciembre de 2015
El hombre de mi vida
No sólo mi oficio es el más antiguo del mundo, sino que además como soy antigua en él presumo de verlas venir de lejos. Toda regla tiene sus excepciones como podrán comprobar enseguida.
Aquel día era miércoles, lo recuerdo porque ese invierno nevó todos los miércoles, fenómeno que trajo de cabeza a meteorólogos, climatólogos y otros logos, pero que para mí tenía una explicación muy lógica: ese era mi día especial, dedicado a mi “cliente especial” en mi propia casa, hecho también singular.
¿Qué como accedí a cambiar mis reglas? No me lo pregunten, lo ignoro. Tal vez fue que se parecía a mi primer novio, tal vez estaba cansada o fueron aquellos ojazos verdes los que me obnubilaron como a una quinceañera.
El caso es que era miércoles y nevaba.
Abrí los ojos con un fortísimo dolor de cabeza y con la sensación de no poderme mover. Por desgracia resultó no ser una sensación. Estaba realmente inmovilizada, atada por las muñecas al cabecero de la cama. Después de forcejear, pelear, rendirme y repetir ese proceso mil veces, conseguí desatarme. Recorrí la casa incrédula viendo como había sido completamente expoliada: cajones, armarios y baldas estaban volcados en el suelo. Dirigí la mirada al cristo de Medinaceli, bajo cuyas faldas escondía todos mis ahorros y maldita sea, allí estaba con las faldas remangadas y el armazón vacío.
Entonces lo recordé todo; vi. como brindábamos una y otra vez por nuestra felicidad mientras me susurraba meloso “estaremos siempre juntos” y yo, como una imbécil, me adormecía en sus brazos pensando “este es, por fin, el hombre de mi vida”.
desasosegada
viernes, 11 de diciembre de 2015
Un mal día
No estaban mal alineados los astros.
No era 13, ni martes.
Pero que ese no fue su mejor día pudieron corroborarlo su mujer, sus compañeros, los médicos de urgencias e incluso Truman, su perro.
El despertador sonó tarde así que se levantó con un humor de perros y una paciencia de gatos.
Con las prisas derramó el café y oyó a su mujer murmurar “pero mira que es patoso”. Exasperado se puso el abrigo gritando “tú siempre ayudando” y dio un portazo que hizo temblar los cristales.
Llegó tarde a la reunión de la Junta General pero con tiempo suficiente para oir como daban la enhorabuena a su compañero por un trabajo que había hecho él en su totalidad. Como no fue capaz de rechistar en el momento, tuvo que conformarse con susurrarle con rabia “eres un trepa de mierda”
A estas alturas, el día no tenía enmienda, pero pensó que un buen paseo por el parque con Truman le relajaría.
El crac de una rama al cascar, que precedió al tremendo golpazo en la cabeza, le sorprendió pensando “vaya día que llevo, imposible empeorarlo” por desgracia se equivocaba.
desasosegada
No era 13, ni martes.
Pero que ese no fue su mejor día pudieron corroborarlo su mujer, sus compañeros, los médicos de urgencias e incluso Truman, su perro.
El despertador sonó tarde así que se levantó con un humor de perros y una paciencia de gatos.
Con las prisas derramó el café y oyó a su mujer murmurar “pero mira que es patoso”. Exasperado se puso el abrigo gritando “tú siempre ayudando” y dio un portazo que hizo temblar los cristales.
Llegó tarde a la reunión de la Junta General pero con tiempo suficiente para oir como daban la enhorabuena a su compañero por un trabajo que había hecho él en su totalidad. Como no fue capaz de rechistar en el momento, tuvo que conformarse con susurrarle con rabia “eres un trepa de mierda”
A estas alturas, el día no tenía enmienda, pero pensó que un buen paseo por el parque con Truman le relajaría.
El crac de una rama al cascar, que precedió al tremendo golpazo en la cabeza, le sorprendió pensando “vaya día que llevo, imposible empeorarlo” por desgracia se equivocaba.
desasosegada
domingo, 6 de diciembre de 2015
Soledad
Llegó la hora de la despedida.
Allí estábamos vestidos de tristeza, envueltos en la niebla del adiós que ambos vimos avanzar.
Tu rostro parecía de marfil pulido, sin expresiones.
Por la calle que me sintió pisar fuerte, ocultando mi miedo, dejaba sobre mis pasos la fragancia de una pena que no contaría a nadie. Sólo el titilar de las luces me harían dudar si seguir a tu encuentro o correr a contraluz.
Lenita
Allí estábamos vestidos de tristeza, envueltos en la niebla del adiós que ambos vimos avanzar.
Tu rostro parecía de marfil pulido, sin expresiones.
Por la calle que me sintió pisar fuerte, ocultando mi miedo, dejaba sobre mis pasos la fragancia de una pena que no contaría a nadie. Sólo el titilar de las luces me harían dudar si seguir a tu encuentro o correr a contraluz.
Lenita
Un año ya....
Llegó la pasión. Esa que me hizo volar por días, hilvanando ilusiones , planeando reencuentros. Llegó cargado de miedos y de calles ruidosas que lo vieron partir lejos.
Ahora armamos cada día el puzzle que nos hizo buscarnos en la distancia.
Ahora saltan defectos y quejas; realidades que no son tangibles en la distancia.
Y cada día retomo las horas en que las mariposas volaban locas por mi estómago apurando hasta el último minuto de planes, de deseos. Ahora, aquí para entregarnos con todo lo que fuimos y lo que somos. Con años a cuestas, con días por olvidar y con otros muchos, por vivir.
Lenita
Ahora armamos cada día el puzzle que nos hizo buscarnos en la distancia.
Ahora saltan defectos y quejas; realidades que no son tangibles en la distancia.
Y cada día retomo las horas en que las mariposas volaban locas por mi estómago apurando hasta el último minuto de planes, de deseos. Ahora, aquí para entregarnos con todo lo que fuimos y lo que somos. Con años a cuestas, con días por olvidar y con otros muchos, por vivir.
Lenita
miércoles, 25 de noviembre de 2015
A contraluz
A veces está bien estar en la oscuridad, porque desde ahí se puede ver mejor la luz y contemplar desde la lejanía, cómo bulle la vida.
Así te observo yo cada noche.
Agazapada en mi confortable oscuridad espío tus movimientos. Te veo entrar en la cocina y batir los huevos, dar de cenar a los niños o charlar con tu mujer. Por último contemplo como lo recoges todo, apagas la luz y desapareces.
Tu casa parece dormida durante un buen rato hasta que de forma apenas perceptible veo moverse las cortinas y estoy segura de que ya estás ahí, escondido, esperándome.
En ese momento enciendo la luz y represento la función de mi cena. La interpreto aún sin hambre, aún sin ganas, solo para que tú la contemples.
Y así una noche y otra y otra.
desasosegada
Así te observo yo cada noche.
Agazapada en mi confortable oscuridad espío tus movimientos. Te veo entrar en la cocina y batir los huevos, dar de cenar a los niños o charlar con tu mujer. Por último contemplo como lo recoges todo, apagas la luz y desapareces.
Tu casa parece dormida durante un buen rato hasta que de forma apenas perceptible veo moverse las cortinas y estoy segura de que ya estás ahí, escondido, esperándome.
En ese momento enciendo la luz y represento la función de mi cena. La interpreto aún sin hambre, aún sin ganas, solo para que tú la contemples.
Y así una noche y otra y otra.
desasosegada
jueves, 19 de noviembre de 2015
Diario de árbol de provincias (a un art. de JJ Millás)
Siempre lo mismo: lo que pasa en Madrid es como si nos ocurriera a todos y ahora les ha dado por decir que los árboles somos una amenaza.
Ya comprendo que los madrileños tienen sus problemas: que si la polución, que si el tráfico, que el calor… pero ¿que quieres? y a cada uno nos toca vivir nuestra vida.
Yo soy un anciano sauce burgalés cuyas raíces se hunden en la tierra del hermoso paseo de la isla, cerquita del río Arlanzón,
En verano y primavera tengo gran actividad porque doy cobijo a los pájaros, sombra a los niños y, aunque me pese, alivio a los perros…
Lo que más me gusta hacer es balancear mis hojas suavemente para refrescar los sofocos de las parejas de enamorados que al atardecer, cuando el mundo se viste de violeta, se sientan en los bancos mirándose a los ojos.
Pero enseguida llega el otoño y más tarde las heladas, entonces la gente se olvida del placer del reposo callejero y pasa a toda velocidad, con la nariz hundida en la bufanda, sin más deseo que volver a casa… y me siento solo.
Esta es mi sencilla vida que ahora, al parecer, toca a su fin.
Dicen que, seguramente debido a la edad, voy encorvándome hacia el río y supongo un peligro para los viandantes ¡un peligro yo! ¿Se lo pueden creer? El caso es que me van a talar. ¿Creen ustedes que Juan José Millás me va a dedicar un artículo en el país? pues no, fijo que no, porque los árboles de provincia no interesamos a nadie.
desasosegada
Ya comprendo que los madrileños tienen sus problemas: que si la polución, que si el tráfico, que el calor… pero ¿que quieres? y a cada uno nos toca vivir nuestra vida.
Yo soy un anciano sauce burgalés cuyas raíces se hunden en la tierra del hermoso paseo de la isla, cerquita del río Arlanzón,
En verano y primavera tengo gran actividad porque doy cobijo a los pájaros, sombra a los niños y, aunque me pese, alivio a los perros…
Lo que más me gusta hacer es balancear mis hojas suavemente para refrescar los sofocos de las parejas de enamorados que al atardecer, cuando el mundo se viste de violeta, se sientan en los bancos mirándose a los ojos.
Pero enseguida llega el otoño y más tarde las heladas, entonces la gente se olvida del placer del reposo callejero y pasa a toda velocidad, con la nariz hundida en la bufanda, sin más deseo que volver a casa… y me siento solo.
Esta es mi sencilla vida que ahora, al parecer, toca a su fin.
Dicen que, seguramente debido a la edad, voy encorvándome hacia el río y supongo un peligro para los viandantes ¡un peligro yo! ¿Se lo pueden creer? El caso es que me van a talar. ¿Creen ustedes que Juan José Millás me va a dedicar un artículo en el país? pues no, fijo que no, porque los árboles de provincia no interesamos a nadie.
desasosegada
domingo, 11 de octubre de 2015
Menta
Seguía atrapado allí dentro, en plena Filarmónica de Berlín, en la última fila de los segundos violines, cerca de los chelos. Los contrabajos, erguidos como una amenaza a mi espalda, vigilaban los últimos aplausos de saludo, los carraspeos escapando aquí y allá entre el público. Un instante de silencio y el director alzó la batuta. Yo observaba a mi violinista: ahogaba la tos, apretaba los ojos, sudaba. En el solo de piano abrió mi cárcel de plástico. Fue un honor ser el elegido; dejarme llevar, disfrutar de la música, deshacerme, fundirme dulcemente con ella mientras la orquesta surcaba el adagio.
La lengua salvada (Mikel Aboitiz)
La lengua salvada (Mikel Aboitiz)
viernes, 9 de octubre de 2015
RAICES
Donde una vez estuviste siempre vuelves. Tu pluma, te dices, es de ave de vuelo nostálgico. Los apátridas necesitamos siempre una isla en medio del mar.
Una isla a la que volver de vez en cuando. Léase Relatarium. No por nada.
Solo por comprobar que un día uno tuvo raíces en un sitio. Y, aunque ya no estés allí, que el lugar sigue. En medio del oleaje. ¡Ojalá siempre sea así!
FRANCISCO RODRIGUEZ TEJEDOR
sábado, 3 de octubre de 2015
In Albis.
Me hallaba un día, en la Alborada o en el Ocaso, ahora no recuerdo, urbanizando vocablos, cuando el muro de mis pensamientos se derrumbó…tenía que sombrear de nuevo con grafías las paredes de mis entrañas…más no encontré tinta en el mercado de la palabra…y en la vida conseguí volver a diseñar un verso…mi existencia se mató para siempre.
Septiembre 2009
Kim Bertran Canut
Septiembre 2009
Kim Bertran Canut
domingo, 16 de agosto de 2015
CARTA DE GUERRA
Amor mio,
no le digas a nadie
que el para siempre
ya no existe,
y que las caricias,
como pájaros heridos,
mueren entre nuestros dedos.
Amor mio,
esta noche
reza por mí:
quizás mañana
ya no estemos juntos.
William Moreno
no le digas a nadie
que el para siempre
ya no existe,
y que las caricias,
como pájaros heridos,
mueren entre nuestros dedos.
Amor mio,
esta noche
reza por mí:
quizás mañana
ya no estemos juntos.
William Moreno
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