domingo, 26 de septiembre de 2010

Confesonario

Le pidió que le contara cómo se lo hacía su marido. Ante su asombro, le aclaró que se lo preguntaba por su bien, por si le pedía "cosas raras" que él, como su confesor, debería conocer para ayudarla a negarse.
Salió a la carrera, avergonzada y asqueada. Se arrancó el velo de la cabeza y juró que jamás se volvería a confesar. Y así fue, ni la cercanía de la muerte la doblegó.
Damadeltablero

4 comentarios:

  1. Una historia de evolución contundente, damadeltablero. Y bien contada.

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  2. Bien por la mujer, aunque creo que no debería haber salido avergonzada. Indignada si, pero la vergüenza para el confesor.
    Yo pasé por cosas parecidas, suena de película pero, por desgracia, era bastante habitual (en mi época).

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  3. veintiuno7/10/10 15:52

    Has relatado con maestría una historia que antes era habitual, por suerte, ya no. Es un tema que hemos comentado y lo sueltas como dije muy libre.

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