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martes, 16 de agosto de 2016

Ciudades abandonadas

El chirrido del columpio vacío
mecido por el aire sofocante de la tarde
evoca el llanto de un niño

desasosegada

sábado, 13 de agosto de 2016

A todo lo que se mueve

Comenzó la sombra a vestirse de sonidos, el crepitar de hojas, pisadas sin cuerpo definido,la oscuridad lo hacía invisible, pero al jabalí lo mató el oído.
Anabelmis

sábado, 6 de agosto de 2016

Definiciones imprecisas: Escalera

Una escalera es una construcción capaz de comunicar diferentes niveles. Las hay de mano, tijera, cuerda, caracol, imperiales e imposibles. La clásica —el alfil de las escaleras— une distancias con sus tramos diagonales aportando comodidad y descanso con rellanos y pasamanos. Una escalera suficientemente empinada y larga, recorrida hacia arriba, aporta un sentido filosófico de la vida (¿Adónde vamos?, ¿De dónde venimos?, ¿Son suficientes nuestros motivos?). En sentido descendente, la escalera anticipa una salida, una liberación o —por debajo del nivel del suelo— un pequeño viaje inconsciente (el breve aleteo de un pestañeo) a los submundos. En ausencia de fuegos, las de incendios ofrecen liberación: el ensayo lúdico ante lo peor. Las escaleras comunican mundos exteriores e interiores. Peldaño a peldaño, nos acercan a nosotros mismos, fácilmente —y cómo no—, de manera escalonada.

La lengua salvada (Mikel Aboitiz)

miércoles, 20 de julio de 2016

Resurrección

Había dormido pocas horas. A las siete de la mañana me tomé mi primer café. Estaba en un hotel rural en Asturias y el sol informaba de un día caluroso. Me duché con mucho gel y suficiente champú, de esos que suavizan el pelo rebelde.
A las ocho y cuarto estaba conduciendo en mi coche de alquiler, un todo volumen con cinco puertas de color gris. Por un instante me dormí. Cuando me desperté estaba en una zanja de hierba mullida que sin duda había salvado mi existencia. ¿Qué hubiera pasado si hubiera caído sobre cemento o sobre piedras?
Llegó la policía, me sacaron por la puerta de la copilota porque el coche estaba tumbado del lado izquierdo. Me hicieron el test de laalcoholemia, dio negativo.
-Solo me he dormido, estoy tan cansada
-Pues hoy has resucitado. Podría haber sido el sueño eterno- respondió la policía con su coleta sujeta con una goma roja.
-Si, hoy es el día de mi resurrección- y lloré convulsivamente
Beatriz Bar ón Beraud

lunes, 13 de junio de 2016

Las amistades de Mary

Una camisa con un desgarrón así no la hubiera remendado nadie, pero el que le cosió la cara a ese tal Harry debió de ser un médico con alma de sastre. «Soy Harry. Ni me has visto ni jamás volverás a verme», fue su saludo en la cuneta de una carretera olvidada. Le entregué el sobre con dos fotos de mi esposa y el dinero. Su voz aguardentosa me sosegó tanto como si el diablo me diera las buenas noches: «Todo irá bien». Abrió la puerta de mi coche y se quedó esperando a que me alejara, convirtiéndose en una figurita menguante en el retrovisor.
Una semana después, la Guardia Civil dio conmigo en Texas para informarme del accidente de Laura. Regresé para arreglar el entierro y lo del pastón del seguro de vida.
Sé que soy un malnacido y, aun así, Mary —ansiosa por verme de vuelta— me tiene en un pedestal de oro. Pasado un tiempo prudencial, nos casaremos. Ese fue nuestro trato. Al teléfono, me cita la biblia para tranquilizarme: «Love covers o ver a multitude of sins». Desconozco su religión, pero temo toparme un día con Harry, el más fiel de sus apóstoles.

La lengua savada (Mikel Aboitiz)

miércoles, 8 de junio de 2016

¿A qué huele la primavera?

El río fluía con la alegría garbosa de la primavera y me distraje con su trasiego.
De pronto tuve sensación de peligro, di un salto y conseguí no ser atropellada por una enana en bicicleta que pedaleaba a toda la velocidad que sus piernas le permitían. Detrás de ella, con cara de pánico, corría su padre gritando “qué te vas a matar, puñetera, frena de una vez”

Llevaba años soñando con aquel regalo, pero me decían que era peligroso y que era pequeña.
Se la pedí a mis padres, a mis tíos, incluso a mi abuela, que la verdad, siempre me hacía unos regalos de morondanga. Pero nada.
Espere y esperé en ese tiempo en el que un día es la vida y un mes la eternidad.
Llegó navidad y escribí con fervor mi carta a los reyes con una sola petición: una bicicleta roja. Me desperté esperanzada pero nada. Dale a las muñecas, duro a los cuentos y más dulces, pero de la bicicleta ni rastro.
Volví a armarme de paciencia y esperé al ratonc ito Pérez.
Como el primer diente no terminaba de ceder, le anime, con briosos meneos y logré que se cayera.
Al día siguiente desperté con ilusión cautelosa, pero la bici no estaba. Eso sí, en la almohada encontré cien pesetas que mi madre confiscó, prudente, por parecerle un dineral para mí.
Y tiré la toalla.
Llegué a la conclusión de que había picado demasiado alto. Mi padre no tenía coche y no parecía infeliz, así que me apliqué con afición a los patines.
Llegó la primavera y con ella el día de mi cumpleaños. Ese año deseaba más que nada en el mundo una tressy maniquí: era una muñeca pequeñita, con cuerpo de mujer y cara de ángel. Mi madre me la entregó, con fuertes besos, antes de ir al colegio. Estaba encantada con mi muñeca, no la solté de la mano en toda la mañana.
A la hora de comer llegó mi padre con su regalo: era roja, era magnífica, era la bicicleta de mis sueños. Con ella me convertí en detecti ve, en princesa de cuento y en pirata del caribe, con ella me hice mayor y me sentí libre.
Aún hoy, cuando el aire me revuelve el flequillo y pedaleo contra el viento vuelvo a ser aquella niña feliz.
Por eso algo se me alborota en el alma al ver a la recién estrenada ciclista desafiar las leyes del equilibrio, porque es la niña que yo fui y su atribulado padre está tan asustado como lo estuvo el mío.

¿Saben a que huele la primavera?
¿No? yo se lo diré: huele a nostalgia.
desasosegada

jueves, 26 de mayo de 2016

Juego de espejos

Elsuc López está en la flor de la vida. Bueno, no. Es un capullo cincuentón. Es un hombre fuerte, con sutil tonsura. Bueno, no. Es un gordo calvo. Se graduó en una prestigiosa universidad privada. Bueno, sí. Tardó 15 años en conseguirlo. Al acabar los estudios, lo llamaron de un conocido despacho de abogados. Bueno, no. Su papá era amigo de uno de los socios. Gracias a su brillante currículum, gana un sueldazo. Se compró una buena casa y un todoterreno. Bueno, no. Tuvo que firmar una hipoteca para poder pagar un pisito minúsculo y un modelo grande. Francés, no alemán. El despacho decidió reorientar su estrategia. Bueno, no. La clientela se redujo cuando lo de las tasas judiciales. La crisis acabó. Bueno, no. Llegaron nuevos abogados, casi todos en prácticas, y Elsuc los asesora con acierto. Bueno, no. En su código civil hay una postal de su ídolo Naranjito. Lo que no entiende es cómo una de las nuevas ha declinado las reiteradas invitaciones de un hombre ta n atractivo y exitoso como él. Ni una mísera copa le ha aceptado la regordeta esa, seguro que menopáusica, y perpetuamente malhumorada. Bueno, no. Es esa que gana todos los casos estrella, la de la portada del último Time.
Somnus Tuus

miércoles, 25 de mayo de 2016

El violinista en el tejado

En la oscuridad, la joven pugnaba por mantener el equilibrio, intentando resistir el empuje del viento. Desde la altura, miró hacia abajo y palideció. Cuánto se arrepentía de haberse dejado arrastrar hasta allí, según él, el lugar perfecto para oír su nueva partitura. Io ti proteggerò, le había susurrado seductoramente.
-Niccolò, carissimo...
Enfrente de ella, él se retorcía agitado al ritmo de la música. La alborotada melena cubría su rostro convulso, sus dedos crispados recorrían las cuerdas del violín. Un chasquido y otro más, estremecieron la noche. A duras penas, el frágil instrumento resistía los violentos embates del arco. Con el tercer chasquido, el cielo estalló en iridiscencias amarillas y se inundó de espirales y animales multicolores, ramos de flores y seres alados. Sin dejar de tocar, el violinista se fue transformando en un diablo rojo que lentamente se elevó flotando, alta la cabeza y muy abiertos los ojos verdes.
La mujer retrocedió aterrorizada, precipitándose al vacío desde el tejado. El diablo rojo levantó el arco. Entonces, un caballo blanco voló hacia ella, la recogió en el aire y la depositó con cuidado junto a él.
-Lo vedi, amore? Io avrò cura di te...

Somnus Tuus

martes, 24 de mayo de 2016

Oro parece

Cada uno tenemos nuestra cruz, la mía se llama Doña Ramona y es mi vecina desde hace cincuenta años.
Pues bien, llevo cuarenta y nueve años teniendo que escuchar con cualquier pretexto, que es más joven que yo. Es cierto que la llevo seis meses, pero como ambas hemos cumplido los 87, la cosa no parece significativa.
Su otra monserga favorita es contar a troche y moche que mi sobrino Mariano viene a verme solo por el interés de heredarme, le duele porque ella tiene tres hijos, dos en el extranjero y uno en las nubes, que no aparecen por aquí ni en pintura.
Yo no tuve hijos y mi sobrino Mariano es la única familia que me queda. La verdad es que no tuvimos mucha relación en el pasado, pero en los últimos años viene a verme, con su esposa y su hija, dos veces al año, puntualmente.
Pese a lo que dice mi vecina jamás han preguntado por mi situación patrimonial, ni por la herencia, ni por tema espinoso alguno.
Es verdad que la hija de Maria no me dice algunas veces que cuando vivan en esta casa piensa elegir mi habitación por ser la más luminosa y tener un espejo barroco que le hace un tipo “superguay”, yo le aseguro que refleja lo que es, una princesa. A su mujer le da por el jarrón chino, “Será muy valioso ¿verdad?” yo pongo cara de entendida y respondo: “Ya en los 60, cuanto mi difunto marido lo adquirió, era una pieza de coleccionista”. Mariano, más masculino él, está interesado en el reloj de pared del despacho, siempre comprueba la hora con el suyo y dice: “No hay como la maquinaria suiza de antaño, no se mueve ni un segundo”; yo le respondo misteriosa “tempus fugit”.
Tal vez debería haberles dicho hace tiempo que tanto la casa como el mobiliario lo tengo en usufructo, porque los perdí en el maldito bingo hace unos años, pero no me parece conveniente empañar la armonía familiar con mis problemillas.
Además todo sea que por poder chinchar a Doña Ramona au nque solo sea una vez al semestre.
desasosegada