Publica tu relato en 280 y punto - Relatarium-

Escribe aquí tu relato y aparecerá en Relatarium. También puedes seguirnos y acceder desde Twitter y Facebook Podrás recibir comentarios de otras personas. No te olvides de firmarlo con tu nombre/pseudónimo. Por favor revisa las normas de Relatarium.

domingo, 5 de abril de 2020

A que huele la primavera?

¿A qué huele la primavera?

El río fluía con la alegría garbosa de la primavera y me distraje con su trasiego.
De pronto tuve sensación de peligro, di un salto y conseguí no ser atropellada por una enana en bicicleta que pedaleaba a toda la velocidad que sus piernas le permitían. Detrás de ella, con cara de pánico, corría su padre gritando “qué te vas a matar, puñetera, frena de una vez”

Llevaba años soñando con aquel regalo, pero me decían que era peligroso y que era pequeña.
Se la pedí a mis padres, a mis tíos, incluso a mi abuela, que la verdad, siempre me hacía unos regalos de morondanga. Pero nada.
Espere y esperé en ese tiempo en el que un día es la vida y un mes la eternidad.
Llegó navidad y escribí con fervor mi carta a los reyes con una sola petición: una bicicleta roja. Me desperté esperanzada pero nada. Dale a las muñecas, duro a los cuentos y más dulces, pero de la bicicleta ni rastro.
Volví a armarme de paciencia y esperé al ratonc ito Pérez.
Como el primer diente no terminaba de ceder, le anime, con briosos meneos y logré que se cayera.
Al día siguiente desperté con ilusión cautelosa, pero la bici no estaba. Eso sí, en la almohada encontré cien pesetas que mi madre confiscó, prudente, por parecerle un dineral para mí.
Y tiré la toalla.
Llegué a la conclusión de que había picado demasiado alto. Mi padre no tenía coche y no parecía infeliz, así que me apliqué con afición a los patines.
Llegó la primavera y con ella el día de mi cumpleaños. Ese año deseaba más que nada en el mundo una tressy maniquí: era una muñeca pequeñita, con cuerpo de mujer y cara de ángel. Mi madre me la entregó, con fuertes besos, antes de ir al colegio. Estaba encantada con mi muñeca, no la solté de la mano en toda la mañana.
A la hora de comer llegó mi padre con su regalo: era roja, era magnífica, era la bicicleta de mis sueños. Con ella me convertí en detecti ve, en princesa de cuento y en pirata del caribe, con ella me hice mayor y me sentí libre.
Aún hoy, cuando el aire me revuelve el flequillo y pedaleo contra el viento vuelvo a ser aquella niña feliz.
Por eso algo se me alborota en el alma al ver a la recién estrenada ciclista desafiar las leyes del equilibrio, porque es la niña que yo fui y su atribulado padre está tan asustado como lo estuvo el mío.

¿Saben a que huele la primavera?
¿No? yo se lo diré: huele a nostalgia.

viernes, 9 de marzo de 2018

Los enamorados por internet

Vestían de arial cinco frases de seducción. Se intuían tentando colinas, descendiendo a muslos perlados, artesanos con manos de trapecista, y besos de mago con chistera y sin varita. Dibujaban con calibrí palabras de amor imaginado, con pespuntes de ilusión, donde el chándal era un esmoquin negro, con toques de pachulí.
Se acariciaban entre hilvanes de puntos suspensivos. Dibujaban en cursiva, con interrogantes y sin signos de admiración, dejando que los mensajes reflejasen vainicas de deseos prisioneros en cuartillas de plasma.
Al fin se encontraron, pero la realidad les encontró con el paso cambiado. Entre palabras extendidas a mamporros, los mejores amantes resultaron ser lo que eran, dos desconocidos, sin nada que compartir.
No llegaron a subir de la mano a esa terraza, con vistas a ese océano caribeño, cuajado de los retozos de tahoma subrayados, ante un plasma incorpóreo de irrealidad.


Albada

domingo, 11 de febrero de 2018

Diana

Tras una noche de copas Cupido erró el tiro, adjudicándole un inspector de Hacienda. El funcionario se quedó dormido sin descubrir el Paraíso donde ella guardaba sus cuentas más secretas. El siguiente saetazo acertó en un periodista, un terrorista de la pluma, que explotó antes de tiempo en los baños de la discoteca. Ahí lo dejó, enmadejado en papel higiénico.
Desde entonces no ahorró esfuerzos hasta neutralizar a Cupido maniatándolo a su cama. Lograrlo fue empresa de dioses, pero mereció la pena quedar a cubierto de sus desatinos y disfrutar a solas cada noche pellizcándole las alas.

La lengua salvada (Mikel Aboitiz)

domingo, 28 de enero de 2018

La crupier

Hace una eternidad que trabajo de crupier en un mundo de hombres. Pudientes enjoyados, gente nerviosa que se crece apostando a un color, pero luego se muerde las uñas cuando gira la ruleta. Como nadie me paga las horas extra —aquí no entran sindicatos—, venzo el tedio dejando que el tiempo sea mi principal aliado. Los jugadores saben que la casa siempre tiene ventaja y, aún así, pobres diablos, se pelean por apostar en mi mesa. Mi rien ne va plus es definitivo. Modestia aparte, me tienen por la mejor. No en vano, dicen que soy la muerte.

La lengua salvada (Mikel Aboitiz)

domingo, 21 de enero de 2018

Imaginarias


Curiosidad y admiración. Siempre me han inspirado eso, las islas. Trozos de tierra situados en cualquier parte que aparecen de pronto en medio del mar azul y vacío, sorprendiendo con sus relieves y crestas. Increíble ver como se asoman descaradas y orgullosas soportando el peso de tantas almas que corren veloces sobre ellas, en su afán diario de vida.
Ahora, por tantas cosas del destino, soy criatura de isla.

lenita

viernes, 19 de enero de 2018

Nuevas tierras...

Apreciaba aquellas viejas canciones de los 60 y 70’s, ¿recuerdas? Transitábamos por el mundo, sin desconfianzas, ni futuros donde fracasar, perseguíamos emociones, íbamos rodeando la vida, experimentando, conociendo y apreciando imágenes, vibraciones de tierras salvajes, sin dueños...ríos, mares, viñas y florestas inabarcables, lunas de noche, llenas. Vagones de trenes, relegados sobre vías muertas...
El viento de alguna leyenda, nos sujetaba para no caer por el acantilado. La lluvia refrescaba los paisajes de veranos cálidos. Los caminos de aquellos tiempos, estaban por descubrir y nuestros pies surcaban la tierra como sembrando libertades... Raíces diseminadas por idealismos nacientes, jóvenes adolescentes, acariciando un nuevo mundo…

Kim Bertran Canut...

La Tribu... (Febrero 2009)

Permaneceré en solitario, y aprenderé a escuchar al amigo de la noche de ayer, que me relató la historia de las lluvias, que acontecieron sobre espíritus mojados por las aguas de la dársena.
Un día muy, muy lejano, en una tribu humilde…allá donde crecían las raíces, la naturaleza reposaba, el cultivo de la vida y los sueños era apacible. Llegó el hombre blanco con su letal profecía, prometiendo oropeles y dorados. Regalando metales bañados de dolor, confusión y asesinato y fundó presencias de ausencia en la tierra indígena.
Vírgenes en los mercados de placeres donde se venden armas, niñas y alcohol a la ignorancia, selvas que llegaron a la ciudad.
Los jóvenes, iluminados, abandonaron los poblados y a sus ancianos y se convirtieron en nativos indigentes en el asfalto de hormigón de polígonos de hielo, prisiones de libertad y olores mentales. Así emergió la nueva tiranía en una hacienda con caudillo y cuando, extasiados, quisieron regresar a su antigua morada, a la añorada existencia que les colmaba de gratitud, decidiendo demandar indulgencia por su desafortunado peregrinaje. Sombras blancas, encapuchadas con antorchas en las manos, quemaron su arrepentimiento y a la tribu pacifica. El humo de las llamas ahogó sus almas y allí mismo, carbonizados, se encuentran aun hoy con los grilletes de la sumisión, creando generaciones de miedo y desengaño. El mundo en que nos encontramos tú y yo.


Kim Bertran Canut

Inopia...

"Bebía para olvidar y cuando despertaba veía que lo único que olvidaba era el tiempo que había permanecido bebido..."

Kim Bertran Canut

Feria 2002...

Una familia de gitanillos, acompañados por un organillo y un acordeón, cantaban y bailaban raíces flamencas. Una cabra subida a un taburete, posaba altanera, soñando en picos rocosos. Un chimpancé vestido con chaleco, frac y sombrero de copa, aguantaba un aro por cuyo interior saltaba una perrita caniche de blanco pelaje. El mono, al término de la función, pasaba un gorro sin color, de lo viejo y las lluvias caídas. ¡Oye!, pues el monito con la gracia y el gorrito, recaudando aplausos recogía su dinerito.

Kim Bertran Canut.

Fotografías en blanco y negro de vidas sin color (Años 50’s)

Calles de brumas y hombres nítidos con bombín, alejándose del tumulto de las gentes corrientes, solitarios aquellos y escurridizos en su desesperación. Una época, que murió suicidada en el muelle de cualquier sinónimo de suburbio. Figuras escondidas en las ventanas, tras la bandera americana. Chicos del oeste encendiendo su cigarrillo, en las aceras húmedas de madrugada. Mujeres prietas abrazando bebés pálidos. Razas asomadas a los cristales del bus, observando… ¿la libertad? Vehículos con las puertas abiertas y personajes que escapan ¿hacia donde van? Sombreros y sombras, pasajes claroscuros, músicos de Soul, Blues, Jazz, Beat Generation, Kerouac y Ginsberg en la carretera. Conductores poetas en sus autos viejos, hombres orquesta y familias comiendo y mirando las apacibles aguas, la barquita anclada en la orilla de la ilusión. Monedas en la mano, limosnas, ciudades y sociedades, bares, luces, mendigos y caminantes en calles despellejadas. Y es que realmente todos r esidimos en la esquina de cualquier ciudad, en análoga carestía interior…

-Octubre 2010-

Kim Bertran Canut.