viernes, 24 de septiembre de 2010

Fe

Tenía razón. En el último instante, justo antes de que su vida acabara en un estallido negro y carmesí, vio a Jesús. Murió contenta, feliz. No tuvo tiempo de ver que aquel Jesús estaba tatuado en el brazo del tipo que entró en su habitación por la noche y la mató a martillazos.

Por Hank66


4 comentarios:

  1. Un poco cruel para los que se tatúan y para los que creen en Jesús. Muy real, muy actual. Me gustó. Hank eres el ...Acá Bosé!

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  2. Muchas gracias, me alegro de que te gusten. Un saludo.

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  3. veintiuno24/9/10 14:15

    Qué cruel Hank.... ¡este fue antes del vermouth!. Realmente lo necesitabas para limpiar las astillas en el paladar. Cada uno ve lo que tiene en la cabeza y si murió en paz. Qué descanse eternamente.

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