jueves, 7 de octubre de 2010

Interiores - (papelylápiz)

A tí­a Adela siempre le angustiaron los ángeles de la capilla del cementerio. Sé por mamá que, de niñas, las llevaba allí su madre al salir del colegio: luego sus sollozos, el gesto inquisidor de esas aladas estatuas, el frí­o penetrando en el valle al caer la tarde, todo junto. Por ello perseveró hasta trasladar los restos familiares hasta la cuadrí­cula sur, más soleada y menos triste, antes de este dí­a. Durante el sepelio, con auriculares bajo el pelo, he escuchado la música que más le gustaba.

4 comentarios:

  1. ¡¡Hola, Papelylápiz!!, me alegro de volver a leerte.
    Muchas gracias por leer mis relatos atrasados y por tu opinión. Me animas a seguir.
    Te contesto aquí, porque así lo lees, y en el otro hay polémica.
    Las reglas están para saltárselas, sino la vida sería aburrida, todos uniformes...puff!
    Pero te haría una reflexión: si todos nos las saltamos, esto moriria de éxito, o no, Jajaja.Un besito.

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  2. Celebrar la muerte suele ser una buena manera de celebrar la vida, lástima que lo hayamos olvidado, un relato emotivo (y en ese sentido) valiente, papelylapiz, gracias.

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  3. papelylápiz11/10/10 20:14

    Gracias, Rubia, pienso lo mismo. Las reglas son buenas mientras sean revisadas, se muevan, no todo son "talla 36" o de lo contrario se termina anoréxico porque no se dan oportunidades a micros o poemas que puedan necesitar un poco más de espacio, y lo primero que es difícil es parir una historia, luego darle forma (unas veces basta con pocas palabras y otras con algunas más).

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  4. papelylápiz11/10/10 20:22

    Gracias, Mirina, por tu comentario y tu aliento. La muerte sólo es un punto final, lo que da sentido al relato. Lo triste es que pasen muchos días sin relatar. Aquí, bajo la metáfora, doy sentido a nuestra afición de relatar, aunque pierde intensidad y valor si somos capaces de VIVIR.

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