miércoles, 5 de enero de 2011

Ambigüedad consentida

La madrugada se tiñó de colores ambiguos en el mismo instante en que tu voz somnolienta cruzó el silencio que nos separaba.

Musitabas un nombre que no era el mio, pero poco me importó cuando me abrazaste con un ardor propio de las viejas batallas, aquéllas en que, hace ya tanto tiempo, vencíamos a la noche entre gritos ahogados y sábanas revueltas.

Cronopio

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1 comentario:

  1. Cormoran5/1/11 17:06

    Hay regalos que no deben desperdiciarse, y menos por orgullo.
    ¿Que diría cuando descubriera que se entregaba a alguien no mencionado?

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