lunes, 7 de febrero de 2011

Anoche, como siempre...

La luna trazó anoche senderos de luz en tus caderas.

Asistí atónito al espectáculo, y, mientras tanto, intenté inutilmente descifrar los códigos ocultos tras tu danza secreta, darle algún sentido a tus palabras enmudecidas por el delirio, el calor y las prisas.

Traté de devanar tu ovillo enredado para comprender el porqué de ese baile incendiado.

Pero atendí demasiado a los dictados de mi conciencia embotada y dejé que te diluyeras entre mis dedos, como hacías antes, como siempre has hecho.

Cronopio

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3 comentarios:

  1. Cormoran7/2/11 19:30

    Cronopio, una vez más, necesito ayuda. Me gusta y mucho, pero me lo pierdo.
    Un saludo y perdón por mi torpeza de la incomprensión.

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  2. Bueno, cormoran, quizás este relato me ha quedado un poco demasiado turbio, lo reconozco.

    Intentaba hablar de la sensación de extrañeza que aparece cuando se está ante alguien a quien se cree conocer, pero que de repente nos muestra algo que hasta ese momento permanecía oculto...y del empeño, a veces, equivocado, de racionalizarlo todo, sobre todo en esos momentos en que quizás, lo más sencillo, sea dejarse llevar.

    No sé si te he aclarado algo, o te he líado más...Gracias por tu interés y tus comentarios. Un saludo.

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  3. Cormoran8/2/11 12:40

    Explicación perfecta, ahora lo léo y lo entiendo, que como dices en tu relato, no siempre es lo más apropiado. Quizas su sonido fuese más bello sin su conocimiento, algo de magia se pierde al conocer el truco, aunque no por ello deja de parecerme magnífico, si no diferente.

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