miércoles, 2 de marzo de 2011

La boda

Me sentía como cenicienta en su cuento, sabía que cuando el reloj encendiera la mañana, mi sueño habría terminado.
Por eso acariciaba las sábanas queriendo retener su tacto, por eso me acercaba una y otra vez a tu pecho para memorizar su olor.
Aún en tu presencia, presentía ya la soledad inevitable.
El tiempo, el implacable... jugo en contra de los felices y el sol salió.
Lentamente abandoné la cama, sabiendo que hoy era el día de mi boda y el primero, del resto de mi vida, que pasaría sin ti.



desasosegada

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2 comentarios:

  1. Anónimo3/3/11 22:29

    Encatada de haber leido algo tan sorprendente, tan mortifero como tan lleno de vida. El paradoja entre elejir con profunda libertad el vivir plenamente un amor y al mismo tiempo condenarse a una union no deseada.
    Tanta pulsion de vida enfrentandose a tanta pulsion de muerte.

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  2. Entretanto, mientras llega la hora de su boda, pídele que baje la persiana y distraiga al sol.
    Será siendo de día pero alargará la noche y dará opción a no salir de la habitación

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