sábado, 31 de diciembre de 2011

Las uvas.

Siempre lo pensaba todo mucho. Cada una de las doce uvas tenía ya un sello, un tatuaje en su piel, en su alma. Y las campanadas serían solo la tinta indeleble, la rúbrica final, la cicatriz perenne.
Una muesca más en la culata de su revólver, con el que dispararía la penúltima bala de su vida.
Miró a las uvas, cada una tenía el nombre de un ser querido. Faltaba lo que más amaba. la otra vida que completaba a todas las demás.
Solo necesitaba un papel. Y una pluma. Para vivir más. Para imaginar.

3 comentarios:

  1. Gabriel Palafox31/12/11 13:37

    Gabriel Palafox es quien debiera firmar este relato. Ultimamente no visito con asiduidad este sitio. Y se nota la falta de práctica. Aprovecho para desearos a todos lo mejor para el año próximo. Dicen que será un año lleno de tijeras, de recortes. A los que nos gusta el papel y la pluma no es fácil recortarnos nuestros horizontes. Así que yo os deseo un año pleno de imaginación, de vida más allá de la propia, de dreatividad y de experiencias compartidas, de literatura. Un abrazo.

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  2. Pluma, papel, imaginación y vida, por este orden o en cualquier orden.
    La literatura, como la música, nos hace ser y sentir.

    Te deseo un año lleno de todos los ingredientes que conformen y alimenten tu creatividad.
    Un abrazo

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  3. Nosotros, los que aquí compartimos una afición, tenemos algo que nos ayuda, nos acompaña y nos conforta, si fuera el caso a sortear los augurios. Feliz año y un beso.

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