Habías desaparecido. Buscaba pistas que me llevasen a ti. Hurgando dentro de tus ropas me asusté, ¡las llevaba yo puestas! Sobresaltado, seguí palpando más profundamente. Reconocí esa piel tibia, cercana y el tacto rítmico del pecho al llegar al corazón. Te había encontrado.
Saryle
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