viernes, 6 de julio de 2012

La mujer de rojo.

Se alimentaba de la pasion de los cuerpos. En ocasiones, la pasion era tan dulce en sus labios, que solo miel dejaba a su paso. El sudor de jadeos indomitos saciaba su sed en los veranos, cuando Mauro la conocio.
Desde entonces, la deja resucitarle con la luz del sol, a crepusculos del color de los duraznos frescos.

Virmared Santiago


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