domingo, 1 de julio de 2012

MALTRATADOR

La risa algo ronca, de esas que nunca demuestran afecto.
Huraño, con aire militar y la mirada fría como una piedra.
A su derecha once sillas y a su izquierda un abogado, probablemente la única persona que hoy aparenta no tenerle tanta rabia.
Del otro lado, la valentía vestida de mujer, aún con horribles moretones, y una toga femenina sentada a su costado.
Al final de la sala un pasillo, la ruta que él recorrerá después de que el hombre de negro golpee su mesa con aquel pequeño mazo... de madera.

EMILIO BAREIRO


4 comentarios:

  1. Anónimo1/7/12 10:20

    Una realidad demasiado habitual ultimamente... Una síntesis muy acertada.

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  2. coincido. Lamentablemente habitual.

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  3. deberían poner o representarlo en un spot publicitario, buen relato!!! Buena Emilio!!!!

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