Por ello opté el trabajo más imperceptible que encontré: portero del museo de cera. Comprobé que si lograba permanecer inmóvil nadie reparaba en mi presencia y así, tontamente, empecé este macabro juego.
Esta mañana me he colocado entre las estatuas. Al rato he notado un adormecimiento y ahora no puedo mover ni un músculo.
A las dos cierran este museo, así que si no me ayudan, temo que voy a pasar la Semana Santa entre estas figuras, que empiezan a aterrorizarme.