viernes, 4 de octubre de 2013

Pequeñas victorias

Y en lugar de la casta y orgullosa flor de lys llevaban la más modesta de todas las flores: la violeta.

Ese era su estigma; una humilde flor bordada en la corbata del uniforme les convertía en los proscritos de las aulas, en los despreciados becarios.

Para sobrevivir en aquel mundo de pijos había que observar una regla de oro; no molestar a los ricos.

Pero llegó la fiesta de final de curso. Ese año le tocó participar en el juego de la cuerda, así que cuando llegó su turno la asió con desgana.

Todo cambió cuando vio que el capitán del equipo contrario era Jorge, el niño que más chulo y cruel de la clase, para complicarlo todo, animando a Jorge estaba su hermana dueña de unos ojos como estrellas.

Así que tiró y tiro. Tiró con los ojos cerrados, notando el sudor en la espalda.

En un último y supremo esfuerzo, apretó los dientes y volvió a tirar.

Y funcionó, vaya si funcionó. Sintió como si un castillo de naipes se desmoronara y la cuerda cedió sin esfuerzo. Abrió los ojos y vio a los heráldicos tumbados en el suelo, humillados

Luego miró hacia ella. Y vio como le miraba con admiración, En ese momento sintió que pasara lo que pasara mañana, él era el niño más afortunado del mundo.



desasosegada

2 comentarios:

  1. Anónimo5/10/13 0:44

    Ole,ole, desasose. ¡Venceremos!
    Saludos de El Manco

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  2. Un placer volverte a leer, Marga. Me agradó muchísimo tu visita a mi blog. Hacía mucho que no entraba aquí. Ya veo todos los cambios y toda la gente nueva que hay. Así que me agarro, como entonces, a la mejor. A la que permanece. Olé y, como digo, un auténtico placer saludarte.

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