domingo, 6 de julio de 2014

UN HOMBRE EN LA CALLE

Un hombre iba por la calle. Caminando por la acera. Llegó al semáforo, justo cuando se ponía verde para los peatones. Pero él no cruzó.

Lo vieron tocarse el pecho un momento y luego agarrarse a la farola. Hasta que de repente cayó de bruces, medio cuerpo en el carril bus y otro medio en la concurrida acera.

Hubo una inicial sorpresa. Como si el mundo de repente se parara.

Los de la acera hicieron un corro rodeándolo un tanto estupefactos, mientras fijaban firmemente sus pies en el suelo, para aguantar las acometidas de los de detrás, que querían saber lo que pasaba.

El autobús frenó unos metros antes de su cuerpo. Y el conductor y los de delante esperaron, ansiosos, que el camino se despejara. Los de detrás , que son lo que mas prisa tienen siempre, empezaron a increpar al conductor al momento.

Alguien pensó que estaban rodando una película. O un reality show. Y rápidamente sacó su móvil. E hizo una foto. A los pocos segundos ya est aba en Twitter y en Facebook. Pero no una vez, decenas. Puesto que todos los espectadores habían hecho lo mismo

Pero no era una película. El actor no se levantaba. Y solo hacía falta verle la media cara que enseñaba, con la boca abierta y los ojos extraviados para intuir que estaba muerto. O medio muerto.

Entonces todos, al unísono, llamaron al 112. Eran tantos que se bloqueó la línea por unos minutos. Por fin, después de pedirles mil detalles enviaron al Samur.

Mientras tanto alguien pretendió acercarse. Todos lo miraron como a un loco. Inclusive él mismo retrocedió recordando los líos que tuvo la última vez que socorrió a un motorista tendido en la carretera. Papeleos, juicios y hasta amenazas del propio accidentado, para que no declarara que iba sin casco.

Así que llegó el Samur y nada pudo hacer ya. Tal vez si alguien le hubiera dado la vuelta al menos, hubiera aguantado respirando unos minutos.

El autobús volvió a arrancar y la gente de la acera se miraron unos a otros felices. A ellos no les había tocado. Por lo menos esta vez.



Francisco Rodríguez Tejedor

6 comentarios:

  1. Anónimo6/7/14 13:04

    Muy interesante caricatura del imperio de lo virtual sobre lo real, del twittear sobre el hacer y de la irresponsabilidad de la masa. Muy orwelliano. Te felicito.

    El Manco-Serie B

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  2. Gracias Manco. La verdad es que esto tiene algo de real. Yo fui el que intenté auxiliar al motorista que iba delante de mí poco antes de llegar al Despeñaperros. De repente empezó a hacer eses y saltó despedido a la cuneta, mientras yo frenaba desesperadamente para no tragarme su moto. Luego me acerqué a ver qué le pasaba, medio inconsciente y ensangrentado pero milagrosamente ileso bajo la barrera protectora de la vía. . Ya te digo que cuando llegó la Guardia Civil, tras avisar nosotros al 112 me di cuenta de lo que es ser Testigo. Y cuando intervinieron las Cías de Seguros ni te cuento. Cuando se recuperó el motorista me llamó un día, no sé cómo tuvo acceso a mi teléfono, posiblemente como parte interesada en el juicio del Seguro, me amenazó con medias palabras, no tan medias, diciendo que sabía dónde vivía yo. Eso me ha servido como excusa de la imperdonable soledad y falta de solidaridad, y aun mínimo interés por los demás que, a veces, se destila en una gran ciudad. Yo, que soy de pueblo, eso lo noto todavía mucho más. Un abrazo y encantado de saludarte.

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  3. Somos espectadores. Y actores. Eso es lo deseable. Me gusta la idea de que no nos perdamos la vida por fotografiarla. La inmediatez de internet tras la de ayudar. A pesar del papeleo posterior y molestias que pueda acarrear.

    Un abrazo.

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    1. Efectivamente Albada, lo virtual nos está alejando de la inmediatez de la piel. Del gozo y, sobre todo, del dolor. Desde luego, del ajeno. Y me caben dudas sí también del propio. Un abrazo.

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  4. !Que terrible! la vida de los demás desde la barrera; sólo nosotros, sólo lo nuestro. A eso nos avocan.
    Eso sí la barrera de la distancia física se suple con creces con la cercanía de lo virtual; acceso a todo, todos, fuera privacidad, fuera intimidad, pasando del respeto al otro, en fin... cosas de los tiempos.
    Un placer leerte. Un beso muy fuerte.

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  5. Hola Marga. Un placer saludarte. Leerte lo hago a menudo. Aunque últimamente de forma silenciosa.
    Y muy reconfortante encontrarnos de nuevo en 280, para refrescar el verano, un año más. Un abrazo.

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