domingo, 21 de septiembre de 2014

Dulce espera

No cambiaría por nada estos momentos de la espera, cuando, tendido y ya desnudo, aguardo enervado a que ella aparezca. Bañado en una luz tenue, dejo correr una mirada soñadora por el techo de la habitación, tan cálida y acogedora. Por la puerta entreabierta me llegan los sonidos de sus preparativos, que preludian el placer que vendrá. A cada poco pronuncia dulcemente mi nombre y la escucho embelesado.

Por fin entra y su sonrisa lo ilumina todo. Vierte un poco de aceite en su mano, la pone en mi pecho e inicia suavemente un masaje. Me invade una sensación que ya conozco y que sólo podría definirse como la antesala del paraíso.

Sé que, como siempre, me faltarán palabras para expresarle lo que siento. Así que, mientras ella deposita en la mesilla una esponja, una palangana con agua y un bote de talco, me limito a decirle:

“¡Mamá!”.

El Manco del Espanto

6 comentarios:

  1. !Qué bien nos conduces hasta la sorpresa final! ¡Well done!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias a los dos. Es un placer contar con vuestra aprobación. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. !Me encantan los equivocos! has lanzado un anzuelo y nos lo hemos trabado, jeje.
    Un saludo. marga.

    ResponderEliminar
  4. Pues empezar empezaba muy sugerente. Y acaba, en cierta forma también muy sugerente, porque evocador, lo que se dice evocador...caramba si lo es.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Gracias también a las dos. El equívoco surge porque ambos tipos de amor seguramente se parecen más de lo que solemos creer. Lo cual no extrañaría a un freudiano.

    Un saludo afectuoso.

    ResponderEliminar