sábado, 6 de septiembre de 2014

La llave

El hombre toca el timbre. No sabe por qué.

Si esta mañana se dejó las llaves dentro. Se ha dado cuenta tras palparse

a conciencia los bolsillos.

Y toca, se dice de nuevo, sin saber por qué. El vive solo.

Pero alguien abre:

- ¿Qué quiere?

Es una chica joven y guapa. Rubia y minifaldera.

- Cómo que qué quiero. Es mi casa.

-Pues entre, no se quede ahí.

Y él entró.

Han pasado quince días y todavía no ha salido.

Tampoco quiere ir al cofrecito donde guarda las llaves.

Por si acaso.



Francisco Rodríguez Tejedor

10 comentarios:

  1. ¿Quince días?. ¡Este tío tendría que hacer los anuncios de las pilas Duracell!!!. Yo, Francisco, tampoco miraría en el cofrecito. Por si acaso, claro. Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué bueno lo de Duracell, Miguel Angel! ¡Como en aquellos sueños de adolescentes, o no tan adolescentes, en los que te veías en una historia apasionada con un bellezón que, encima estaba loca por ti, y maldecías el momento en que te despertabas! Este relato lo escribí para mi segundo libro "Los mejores 101 momentos de amor". Gracias a ti le pondré como sobrenombre el "momento Duracell!. Saludos.

      Eliminar
  2. Es una paradoja que olvidarse de las llaves le abriera las puertas de la ilusión...
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, a veces, nuestro subconsciente nos arregla a su manera, o nos compensa, diría yo, de la realidad cotidiana, que suele ser más penosa.Pero, ¡bienvenida sea la ilusión y también los sueños de donde nace!. Saludos

      Eliminar
  3. "El hombre", como como cualquier otro. Ha olvidado la llave, desde el mismo momento que sus deseos se han aparecido en carne y hueso. Situaciones imaginadas en esa otra vida que nos gustaría vivir, aunque solo fueran 15 días.
    Saludos, Francisco.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es querido Daniel. Gracias a los sueños, que provienen de nuestros deseos más profundos, podemos vivir otras vidas placenteras y resarcirnos de algunas realidades cotidianas que nos laceran, o nos aburren, o ambas cosas a la vez. Saludos.

      Eliminar
  4. Anónimo8/9/14 20:10

    Simpático, risueño relato, levemente surrealista.

    Por jugar un poco se puede ensayar una elucubración psicoanalítica. Perdió "la llave", cosa que descubrió "palpándose los bolsillos". La connotación fálica aparece sin forzar mucho las cosas. Por lo tanto "pene-tró" por la puerta del deseo pero lo hizo despojado de atributos carnales. En eso viene a consistir la fantasía, en.una consumación desencarnada. Es el precio, junto con la grandeza, de fantasear.

    ¿Demasiado rebuscado? Quizás, pero posiblemente a los familiarizados con el psicoanálisis no se lo parezca tanto.

    También puede recordar a Alicia en el País de las Maravillas. Desde luego, parece que el protagonista entró en un mundo de maravillas. Posiblemente incluso le esperase un conejo blanco. O rubio, ja, ja

    Francisco, disculpa los atrevimientos, pero estamos aquí entre otras cosas para jugar. Tu relato rompe ingeniosamente la lógica, me gusta. Enhorabuena.

    Un abrazo de El Manco.

    ResponderEliminar
  5. Qué bien lo he pasado con tu comentario Manco. Creo que tan bien o mejor que cuando escribí este relato para mi libro "Los mejores 101 momentos de amor". , en el que incluiría de buena gana tu comentario, aunque bajo el título "Los momentos más cachondos de amor", ja, ja, ja... Un abrazo.

    ResponderEliminar