miércoles, 9 de abril de 2014

SIN BLUESERA

La sala estaba llena, los músicos dispuestos y el jefe nervioso ante la tardanza de la estrella.

El pianista hizo deslizar sus dedos sobre las teclas y sus pies se movieron insuflando vida a los pedales de aquel viejo armatoste a la vez que miraba en dirección a la cortina azul pavo por donde ella entraría en el escenario.

El saxofonista le siguió,con el ritmo y con los ojos.

En el público, un hombre impaciente mareaba el fluido de su copa haciendo círculos concéntricos con su muñeca. Antes de que la impaciencia fuera notable la chica salió por fin al escenario. Impecable como cada noche, sensual, espectacular.

El saxofonista aprovechó para respirar unos segundos y los pies del pianista se aflojaron sobre los pedales.

El hombre dejó de rotar su muñeca y se extasió en la contemplación de la fémina.

Quitando con desgana un mechón que caía sobre su ojo derecho y acercándose el micrófono a los labios empachados de rouge, cuando el publico esperaba las primeras notas de la tan aclamada solista de blues, ella con voz rasgada dijo:

Esta noche no puedo cantar, haré un streptease.

El hombre de la copa desapareció coincidiendo con la caída de la cortina azul pavo sobre la bella bluesera.



Mercedes Marín del Valle

martes, 8 de abril de 2014

De lienzos

Y cuando él decidió acabar con el luto y vestir corbatas de colores, el agotamiento cayó sobre ella y la volvió transparente. Entonces él no buscó ninguna brocha con la que dar color material a la responsable de su nueva y radiante paleta cromática.

Abril

Dícese de

Su afición por jugar con las palabras le venía ya desde la infancia. Su madre aún recuerda todas las lavadoras que puso aquella semana en la que no paró de edificar castillos conceptuales con el adjetivo "sucio".

Abril

sábado, 5 de abril de 2014

O tubaraocinho

A comienzos de agosto el diario carioca “O Globo” sorprendió a sus lectores con la publicación del siguiente anuncio de pago a tres columnas: “Extraviado tiburón de compañía cerca de la playa de Copacabana. Por tratarse de un animal muy versátil se gratificará generosamente a quien informe de su paradero”.

Dos días después los lectores quedaron nuevamente perplejos con otro anuncio, esta vez a media página: “Encontrado un tiburón. Se hallaba bailando claqué para los turistas sobre la escalera de acceso al Cristo de El Corcovado. Se entregará a quien acredite ser su dueño”.

Pasados otros dos días, cuando el diario ya doblaba su tirada habitual, sus responsables se vieron obligados a publicar un tercer anuncio: “La clínica psiquiátrica As Palmeiras comunica que en lo sucesivo procurará que las prácticas de periodismo de nuestros pacientes se limiten al periódico interno de nuestra institución. Rogamos disculpen las molestias”.



Serie B

viernes, 4 de abril de 2014

Una Historia redonda



Me preguntas que tal me va la vida… y francamente, no sé que contestar.

Peleé duro porque mi padre decía que siendo “bueno” el futuro está asegurado, así que fui el mejor.

Logré magníficas notas y pude pasar del colegio a la universidad sin duelo, eso sí, lo de ligar no era lo mío.

Pronto, también eso dejó de ser un problema, porque cuando después del Master, me coloqué en un gran puesto, mi relación con las mujeres mejoró mucho.

Me casé con Bárbara: una mujer escultural, lista o divertida no, pero escultural.

Y por eso, porque ganaba una pasta y porque mantenía una buena mata de pelo fui la envidia de propios y extraños.

Pero la vida que no para de enredar hizo que varios de mis proyectos hicieran aguas y en contra de lo que les sucede a la mayoría, mi empresa me mandó a la calle.

Entonces empecé otra vida; tuve que ver como mis compinches dejaban de coger el teléfono, como Bárbara hacía la maleta e inc luso, para mayor escarnio, me quedé calvo.

Así que, agotadas las esperanzas de volver a ser un crack, he vuelto a mi pueblo.

Aquí todo sigue igual. Mi padre que pese a no haber sido nunca el mejor en nada fue siempre un trozo de pan, me esperaba con los brazos abiertos y con un hueco en la barra de su bar, desde el cual, poniendo chatos, contemplo ahora tranquilamente como pasa la vida.

Muchos me preguntan que tal me ha ido… y francamente, no sé que contestar.



desasosegada

sábado, 29 de marzo de 2014

Calle

El dependiente de la frutería sale de ésta para fumar un cigarrillo.

La mujer de la tienda de fotografía, recibiendo una media de dos o tres clientes al día, se aburre enfrente del ordenador jugando al Solitario.

La peluquera espera a que llegue su cita de las diez y media. Mientras tanto, ordena y limpia estanterías.

Los camareros de los bares del final de la calle permanecen de pie comentando el partido de fútbol de la noche anterior.

El vecino del tercer piso de la puerta veinticuatro se asoma a su ventana con un pantalón corto y tira la ceniza de su cigarrillo por la ventana.

En la puerta número veintiséis tres adolescentes fuman, hablan y ríen mientras el tiempo pasa.

Al lado de la frutería, un señor pasea con su perro esperando con bolsita en mano a que éste evacue.

El chico del primer piso del número veintidós pasa por la calle como una exhalación; viene de correr y va andando muy rápido.

En la puerta de la papel ería hay mucho trasiego: gente entrando a comprar el periódico, gente jugando su boleto de la lotería, gente comprando revistas.

Me asomo a la ventana en pijama y contemplo el vecindario.

Mi madre me avisa de que la comida est

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jueves, 27 de marzo de 2014

La pasión de Inés

Abandonada e inerte, con la bata entreabierta mostrando su cuerpo desnudo, Inés yace sobre el sofá sin signos perceptibles de vida. Pero es pura apariencia. En realidad permanece alerta, con la respiración contenida. A su lado, rodilla en tierra, Juan la contempla extasiado y absorto.

Juan, el maduro y enigmático vecino que despertó en ella una pasión desmedida, sin límites ni esperanza. Que opuso siempre a sus avances e insinuaciones una cortés e inexpugnable indiferencia. Juan, que nunca sospechó la tenacidad que puede alcanzar una pasión verdadera. Una pasión capaz de velar día y noche, de indagar, de fatigar legajos y archivos. De llegar a descubrir una antigua condena por el delito de necrofilia.

Una pasión capaz de empujarla a tomar el teléfono y exclamar: “¡Juan, venga rápido a mi apartamento, he tomado varios tubos de pastillas, me estoy muriendo!”.

Juan, cuyas manos temblorosas vencen vacilaciones y avanzan.



El Manco de l Espanto

miércoles, 26 de marzo de 2014

INSOMNIO

Repta por mi cuerpo

resbaladiza serpiente sin carne.

Se burla de mí, se ríe de mí,

de mi eterno despertar, de mi lento fin.

Turbia noche sin estrellas,

sangre llena de cianuro,

esperanza azul sin consuelo,

sin retorno.



Concha García Ros

PASÓ UN ÁNGEL

Tendría cinco años cuando la vistieron de angelito. ¿El motivo? Una procesión del Corpus. Acompañaba a su hermana vestida con el traje de Comunión.

Le horrorizó sentirse atrapada entre todas aquellas personas que seguían un camino unívoco, con el cuello estirado como jirafas Lamarckianas. Le angustió sentirse amenazada por aquellos gigantescos pasos tan cerca de sus minúsculos pies.

Las flores de su cesta se mimetizaron con su rictus de contrariedad y se marchitaron un poco más con cada paso de los eufóricos procesionantes.

Aferrada a la mano de su padre, caminaba con una seriedad y una tristeza impensables para su edad Por eso él se mostraba feliz y orgulloso y no reparó en su sufrimiento.

Su vestido de raso azul cielo ribeteado en el cuello y las mangas con una tira dorada. Sus sandalias blancas que dejaban ver los dedos rojos y doloridos al descubierto. Sus alas asimétricas, casi descolgadas por el peso del calor y de la turba. Su pelo, claro y finísimo, sudoroso y enredado, cayendo sobre sus hombros.

¡Es un ángel precioso! dijeron en varias ocasiones.

Ella les dedicó, más que una sonrisa, una mueca y sin saber con su corta edad lo que era, le hubiese gustado empuñar un tridente

Mercedes Marín del Valle

lunes, 24 de marzo de 2014

Me llamo Mirsad

Me llamo Mirsad y tengo quince años. Mi familia y yo hemos pasado hambre, sed y agotamiento. Sobre todo hemos pasado miedo por los cañonazos contra nuestra ciudad y nuestra gente. Nadie estaba seguro en este lugar declarado zona segura. Me reía de eso con mis hermanos bajo el ruido de las bombas, ante la extrañeza de mis padres, que se escandalizaban de nuestra inconsciencia.

Pero ahora nada malo nos puede pasar. Los soldados han entrado en nuestro campamento de refugiados y no nos han hecho daño. El general que los manda se llama Ratko Mladic y se ve que es un buen hombre. Ha repartido caramelos entre los niños y hasta ha acariciado la cara de mi hermano Adnan. Los hemos visto hablar con las fuerzas de la ONU que nos protegen y nos han asegurado que podemos estar tranquilos.

Ahora estoy en un camión. Han separado a los hombres de las mujeres y los niños para, según dicen, organizar mejor la evacuación. Yo he conseguido encaramarme aquí, con mi padr e y mi hermano mayor. Mi madre y Adnan nos despiden agitando las manos.

Nos acompañan soldados con metralletas. El camión entra en el bosque. Atrás queda Srebrenica.



El Manco del Espanto