viernes, 4 de julio de 2014

El Blues de la Ciudad Abrasada

El viejo del traje negro parecía estar en las últimas, pero bailaba bien, con chulería de bluesman alcohólico. Me gustaba cómo sonaban sus zapatos sobre el asfalto caliente. Mi ciudad, esa puta cara, sonreía y me mostraba sus encantos. Olía a piel de mujer acariciada por un sol perezoso, lúbrico. Y todo era gratis. De pronto, me di de bruces con él. Sentado en una vieja silla de ruedas, aferrado a un micrófono conectado a un magnetófono destrozado. Cantaba, intentaba cantar. Cerré los ojos, pidiendo que parara, por favor. Su alma supuraba y el aire se pudrió de golpe, la tregua acabó, y él era joven, sólo nos separaba un golpe de mala fortuna, un mal nacimiento, una mala caída. La puerca mala suerte. Cuando volví a mirar él callaba, fatigado, y una puta vieja y devastada desafinaba al micro. Seguí caminando, y ya nada era gratis, y el sol sólo un jodido disco molesto y abrasador en el cielo.

Hank66

El voyeur

Blanca cabalgaba sobre mí en el asiento trasero de mi coche, estacionado discretamente en un descampado. Su pelo caía alrededor de mi cara, impidiéndome ver cualquier cosa que no fuera su mirada ardiente y su boca entreabierta de placer. Atisbé al hombre a través de su melena sedosa. Estaba parado junto a la ventanilla, su mano derecha perdida en su entrepierna. Me extrañó su expresión, triste y melancólica. Lo miré con rabia y sorpresa. Blanca también lo vio, y con un leve gesto congeló mi reacción. Su cuerpo febril pareció recargarse de lujuria, y acabamos al mismo tiempo. El hombre lloraba mientras Blanca lo miraba jadeante. Hoy, un año después, he vuelto al descampado. Me he acercado al coche y he espiado a la pareja que fornicaba con furia en el asiento trasero. Pegando la cara al cristal, he tenido el orgasmo más triste de mi vida, justo cuando Blanca ha clavado en mí sus ojos llenos de salvaje obscenidad.

Hank66

viernes, 27 de junio de 2014

¡Cuando pienses, dispara...!

Cuando el tiempo jugó a disfrazarse de miedo, robó nuestros mejores años. Aquellos que nunca vuelven. Pertrechados en excusas, dimos la espalda a todo lo que nos construye.

En las esperas, erigimos una vida entre los rescoldos que siempre perduran. Todo había cambiado.

Sobre las ruinas de lo que pudo haber sido, quedó la supervivencia como única excusa ante todas las miradas que nunca obtuvieron respuesta.

21

El don de ser inoportuno

La noche dejó un cadáver en el malecón. De hecho, lo sorprendente para ellos, fue el hecho de que arrancando un hilo oscuro del pantalón, quedase el cuerpo casi desnudo. Pretendían apartarlo de delante del coche.

la bajo la luna brilló la imagen pétrea de un striper, cerca del noray del yate de veintiún pies.

Luis y Susana tiraron de un cabo, que les acercó la nave, baja y rápida. Sacaron el resto del alijo. Mirando de reojo el muñeco roto.

No habían calculado que un tipo musculoso les descubriese en su trabajo nocturno, ni que el sujeto descamisado quisiera hacerse el héroe.

Posteriormente se les pudo ver guardando la cadena de hierro y el alijo en maletero de un Audi, y arrancar despacio sobre la grava.

Les vi partir hacia la ciudad, dejando un monigote con taparrabos, una botella de ron casi vacía, y una camisa nadando en las aguas tornasoladas del mar del pequeño puerto.

En mitad de la noche, alguien había estado en lugar menos oportuno.

Albada

miércoles, 18 de junio de 2014

Asida por pescador.

Hablaba con los corales cuando algo me aguijoneó de repente. Sentí cómo el dolor se adentraba en la piel de mi cabeza.Hice el gesto de arrancar lo que fuese, pero mi larga cabellera me impedía deshacer los nudos, por desasirme del garfio diminuto incrustado.

Alguien empezó a tirar del hilo. Hurgué entre mi pelo. La fuerza del otro lado, contrarrestaba mi avance hacia una roca en alta mar. Mis manos se rasgaron contra el sedal, en un vano intento por despertar. La guerra por liberarme me extenuaba. Y me rendí.

Antes de dejar de respirar, exhausta y chorreando rabia y agua, con lágrimas que no podrán distinguir, alcancé a escuchar cómo decía alguien en la playa –“!vean! es una sirena, llamen a la televisión”.

Eso que ahora ven en el acuario, alguna vez fui yo.

Albada

jueves, 12 de junio de 2014

Macro-micro

Nunca le he confesado a mi mujer que lo que de verdad me cautivó de ella fue su escaso uno cincuenta, aunque quizás lo intuya, porque en los momentos de mayor intimidad y arrebato siempre la llamo, entre suspiros, “chiquita” y “pequeña”. Y es que siento debilidad por todo lo diminuto. Vivo por gusto en un apartamento de veinticinco metros, y creo que he tenido todas las marcas y modelos de coches tipo mini. Tengo perro, y ¿saben cual? Lo adivinaron, un chihuahua. Mi personaje infantil fue “Campanilla”, y en materia de arte prefiero el minimalismo, más que nada por el nombre. Por supuesto mis calzoncillos son tipo “slip” y, ríanse si quieren, pero incluso me gusta que los zapatos me aprieten un poco. Así que no les extrañe si ahora mismo siento (aunque el adjetivo me repugne) una inmensa felicidad: siempre soñé con ser el protagonista de un microrrelato.

Serie B

miércoles, 11 de junio de 2014

Metamorfosis

Se ovilla sobre las baldosas frías y empieza a temblar. El sudor profuso, con aroma a desventura, va anegando cada poro de su piel. Una capa gelatinosa va recubriendo el ovillo pulsátil, que yace en el rincón, hasta hacerlo amarillento y dúctil.

El siguiente paso es la maceración de las articulaciones y su reorganización celular posterior.

Cuando el ser durmiente se abre paso hacia la luz, las alas, plegadas aún, han de desplegarse lentamente, antes de echarse a volar.

Al fin, la metamorfosis ha concluido.

LA PRIMERA FRASE era el inicio obligado para el programa "relatos en cadena" de la cadena SER

Albada

Sumisión

La noche, está negociando treguas en las esquinas de tu vida. Y, aunque nada ha cambiado, el ambiente bosteza rumores que la mañana rubricará.

Todo sigue igual, tranquilo, lento, dejándose llevar, como ajeno a sueños esbozados a fuego en las mismas entrañas del alma. Todavía no eres consciente de tu rendición total.

21

lunes, 9 de junio de 2014

Preposición estival

A tu vera la sombra se me antoja, como fruto ante un sol que se atempera.

Bajo las hojas no cabe dormir, sino de forma placentera. Rojos y verdes que se engalanan, desde la última hoja en la cintura de la higuera.

Entre haces de luz, la tibia grama. Hacia la encalada casa, y hasta el final de la era, para poder mírate, todos te esperan.

Por ver tu pelo, según el aire. Sin reparar que sueñas, con tus deseos. So pena de despertarte sobre tu dulce arena.

Tras verte, me acerco a ti. Y me arrincono a tu lado, a echar la siesta.



Albada

Preposición estival

A tu vera la sombra se me antoja, como fruto ante un sol que se atempera.

Bajo las hojas no cabe dormir, sino de forma placentera. Rojos y verdes que se engalanan, desde la última hoja en la cintura de la higuera.

Entre haces de luz, la tibia grama. Hacia la encalada casa, y hasta el final de la era, para poder mírate, todos te esperan.

Por ver tu pelo, según el aire. Sin reparar que sueñas, con tus deseos. So pena de despertarte sobre tu dulce arena.

Tras verte, me acerco a ti. Y me arrincono a tu lado, a echar la siesta.



Albada