lunes, 20 de septiembre de 2010

Travesuras de hadas

Cuando la torre llegaba a su punto más alto, ella aparecía. Se sentaba allí arriba con las piernas colgando y la mirada precipitándose entre ellas. Disfrutaba de ese instante único, del vértigo que le producía saber que el niño, después de poner la última pieza de construcción, destruiría la torre de una patada, desmoronándose al tiempo que ella desplegaría sus diminutas alas para salir volando.

Sara Lew


3 comentarios:

  1. veintiuno20/9/10 22:05

    Sara, me ha encantado. Le has dado vida a un juego de niños/as. Que he visto mil veces en mis hijos. Excepto el hada, que seguramente solo ven ellos y tu. Al relatarlo tan verídico, también la he visto yo.

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  2. Gracias por tu comentario, veintiuno. Cuando escribí el relato, mi niño dormía la siesta. Se despertó y buscó sus piezas de madera (seguramente el hada quería jugar) hizo una torre alta, preciosa. Y de verdad que me pareció verla volando cuando, por fin, le dio la patada a la torre.

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  3. Muy tierno, saryle, y bien cerrado.

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