jueves, 30 de diciembre de 2010

Charcos

Los charcos son como esputos gigantescos: espumosos y turbios. El niño está tirado en la acera. Ligeramente recostado sobre el canalón. El agua le salpica la espalda. Nos hemos topado con él al doblar la esquina con todas las compras navideñas en la mano.
A los cinco pasos mi hijo me ha apretado la mano y le he dado 5 euros para que se los de al niño. Hemos ido a tomar un café enfrente. El niño se ha levantado como si tal cosa y se ha ido a tumbar en la otra esquina. Mi hijo se ha puesto triste. Más que el otro niño. Sí, los charcos son esputos gigantescos.


Gabriel Palafox

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2 comentarios:

  1. damadeltablero31/12/10 9:47

    No conoce la tristeza, es una emoción que no se puede permitir. Su cara es una máscara impenetrable. Una coraza que le permite sobrevivir en este mundo, tan falso y deshumanizado.
    Me ha llegado este micro, Gabriel. Muy bien contado, con una impactante imagen que lo abre y lo cierra con maestría. Feliz Año Nuevo, un abrazo.

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  2. Muy sensible, Gabriel. Si hay algo sobrecogedor y desesperante son esos chiquillos con un futuro más bien dudoso.
    Felicidades.

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