jueves, 1 de septiembre de 2011

Indiferencia

Flotaba en un espacio lechoso, sin ninguna referencia. Se desplazaba de aquí para allá o al menos eso sentía, ya que todo era uniforme. No tenía hambre ni sed; no tenía deseos. Ni nada que hacer. Podían ser dos cosas, o el cielo o el infierno. Aunque había otra posibilidad, que alguien lo hubiera transportado a una dimensión extraña y lo estuviera observando para decidir qué hacer con él. No rezó ni maldijo, pues era incapaz. Se mantuvo como durante toda su existencia: perfectamente ecuánime.



Anónimo

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2 comentarios:

  1. Y todos conocemos personas así, ¿verdad?. Ni se secan ni se mojan con nada. Dormitan. Pasan.
    Un abrazo

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  2. Anónimo2/9/11 22:03

    Ciertamente, Luis. Me parecen lamentables esas personas que solo se preocupan de sí mismas y de su entorno más cercano en todo caso. Que no se mojan, como bien dices. Otro abrazo para ti.

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