Apretujados en el portal del viejo edificio, los novios se demostraban su amor entre besos y caricias. No sabían que estaban siendo observados por la vecina del 4º B, ni por la pareja de ancianos del tercero, ni por el portero que en esos momentos barría la escalera. Tampoco sabían que el aspecto negro y derruido de las paredes se debía a un antiguo incendio en el que varios vecinos habían quedado atrapados, condenados a cotillear la vida de los demás para siempre.
Saryle
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