Añoro el ansia con la que me buscabas por las mañanas. Yo era tu primer pensamiento al desnudarte de las sábanas que acompañaban tus noches. Aspirábamos juntos las tardes entre el sol y la sombra. Interrumpías tu trabajo para dedicarme esos minutos que a mí me parecían horas. Y añoro tus labios, tu lengua, tu boca entera. Sólo necesitabas dos dedos para hacerme estremecer cuando acariciabas mi cintura.
Hoy perdido en los nichos del estanco, lloro cuando te veo pasar de largo, sin humo, sin mí.
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