jueves, 14 de marzo de 2013

Los sonidos del ayer

Todos mis antepasados han sabido interpretar el tintineo de las esquilas, el susurro de los trigos mecidos por el viento, el canto del grillo o el repique de las campanas. Estos sonidos pautaban su vida, organizaban las tareas o les informaban sobre las dichas y desdichas de sus vecinos.
 Seguramente soy la primera de la saga para la cual esos sonidos son bonitos accesorios de la vida rural, sin significación alguna.
Ayer, paseaba al atardecer, cuando las campanas de la catedral empezaron a sonar enloquecidas y siguieron y siguieron repicando hasta que la noche se adueñó de las calles.
Yo las escuchaba embelesada, cuando de pronto, me di cuenta que entendía lo que querían decir. Por primera y seguramente por única vez en mi vida habían logrado transmitirme su mensaje.
Después llegué a casa conecté el ordenador, metí la cena en el microondas y la noche siguió su curso ya de vuelta al 2013.

desasosegada

3 comentarios:

  1. La vida rural era muy sencilla y bonita, mucho más que la vida de ahora. Tecnológicamente hemos avanzado mucho desde aquellos tiempos, pero como personas no somos mejores. Un buen relato.

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  2. El anónimo Jose14/3/13 23:50

    Sí, un buen relato que solo podría escribir una mujer. Destila sensibilidad y, ¡como no!, profunda melancolía. Entiendo la literatura así. Debe ser que estoy muy enganchado a Muñoz Molina.
    Por poner una pega: pensar en campanas y sonidos parecidos nos revuelve las tripas a los que tenemos acúfenos, una pesadilla que no deseo ni al peor de mis enemigos y que me cambió la vida.

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  3. Nunca es tarde para recuperar el significado de los sonidos que acompañaron a nuestros antepasados. De mi infancia recuerdo sonidos que el tiempo ha ido difuminando en la ciudad:el cri-cri de un grillo, el rebuzno de un burro, el grito típico del afilador etc. Buen micro.

    Pantagruel

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