jueves, 27 de abril de 2017

Vamos a pintar

Me llamo Marta y tengo 8 años.

La seño nos ha mandado pintar a la familia… allá voy.

Primero mi hermana; la pondré berreando que es lo único que sabe hacer. Yo creo que es lela o algo así porque ni habla, ni juega, ni ná. Pipo, nuestro perro, es por lo menos diez millones de veces más listo que ella, pero eso no lo digo en casa porque cobro seguro.

Aquí en este lado voy a poner a los abuelos con la merienda que es como están siempre cuando salgo del cole… yo les quiero montón, pero son bastante pelmas; todo el día: que no corras, que no te metas en los charcos, que te abrigues; un rollo.

En el medio me voy a colocar yo para que se me vea bien; voy a dibujar también mi bici que es como de la familia.

A mamá le voy a dibujar corriendo, cargada con el ordenador, con mi cartera del cole, los bolsa de los pañales de Sara y contestando al móvil: “llego en 30 minutos, ¡!!QUE OS CALLEIS!!! (eso nos chilla a nosotros, luego sigue suav ecito) … estoy ahí en un segundo”

Ya sólo me falta papá; voy a ponerle leyendo el periódico con cara de cansado. Papá tiene siempre cara de cansado porque trabaja mucho, quiero decir, que trabaja mucho fuera de casa.

Yo creo que lo he bordado, soy un crak

martes, 14 de marzo de 2017

Al viajero desconocido


El azar, siempre enredando en las cosas de los humanos, consiguió que después de un viaje en avión, regresara a casa con una maleta, idéntica a la mía, pero ajena.

Y así, casi sin darme cuenta, me colé en una intimidad de un desconocido.

Superada la sorpresa inicial  de ver que todo lo que aquel equipaje contenía no era mío, los objetos inertes empezaron a cobrar vida y  fui dibujando un retrato.

Era un hombre, eso estaba claro, las ropas bien dobladas indicaban que era ordenado y riguroso.  De la calidad de su ropa deduje que tenía gustos sencillos y medios suficientes pero no sobrados, era buen lector, de cierta edad (medicamentos) pero no demasiada (preservativos) y bastante generoso (regalos) pero sin pareja (todos los obsequios eran para niños)

Estas conclusiones, seguramente erróneas, dispararon mi curiosidad y me obligaron a preguntar a la empleada de la compañía aérea si era posible conocer la identidad del otro damnificado. Contestó, por supuesto, con una airada negativa.

Y ahora aquí me tienen; deshaciendo mi aburrida maleta y pensando que, otra vez,  he perdido la ocasión de encontrar a mi media naranja.
desasosegada