El portero del edificio de enfrente me dijo que se llama Amaya y que tiene la edad de la más pequeña de mis nietas. No podría reprocharla su gusto por las aventuras amorosas con otras mujeres, porque yo también tuve alguna experiencia de ese tipo tras la muerte de Bernardo, pero me molesta ver desde mi VENTANA como, de madrugada, las echa de su cama y de su casa como si fueran delincuentes. Si me la encuentro en la calle, no pienso confesarle mi desaprobación.
juanxxi
Espacio de creación de microrrelatos,
cuentos cortos y otras formas de
literatura breve, al acceso de cualquiera.
martes, 14 de septiembre de 2010
regresar
El camino de vuelta, el regreso. Es el sueño sin fin; es la eterna búsqueda de lo que hemos ido dejando por el camino, de un bucear en la memoria, de todo lo que pudimos ser y no fuimos capaces de darnos. Es el refugio de amores antiguos, amigos abandonados, ideas sin exponer, de lo que un día soñamos y no seremos.
veintiuno
desaparecer
Cuando abrió los ojos lentamente, escudriño, se orientó. Un día comenzaba de nuevo. Había sufrido de nuevo una tormenta de pesadillas, trastornos bipolares e histeria. No reconocía a nadie en el sitio donde creía estar hospedado, nadie se hablaba, ni relacionaba. Le provocaba miedo, pero solo quería dormir. Se asomó aturdido a la ventana de la planta diez y reconoció escenas cotidianas que alguna vez le fueron propias.
instinto
Me entrego de nuevo. Reina en mí, una sinrazón de la que me siento esclava y de la que no me quiero escapar. Mezclamos nuestros fluidos y olores hasta no saber quién es quién. Solo me importa el presente y el ahora. Me duele todo el cuerpo, pero estoy saciada, muy satisfecha. Más me duele volverme a poner la careta tras la que me escondo, para poder existir un sinvivir. Discretamente y serena, vuelvo a casa.
veintiuno
Ventana
Llevaba magistralmente sus vidas paralelas. En un exceso de confianza, perdió la perspectiva y se produjo la convergencia en un punto, intentó recomponerlas pero solo consiguió que la divergencia fuera mayor. Desde entonces mira por la ventana al infinito esperando la llegada de otro barco.
RubiadeBote
MARTES
Aquel día era martes, como hoy, como la septima parte de los dias de mi vida.
Revolví el bolso con la sensación de que me olvidaba algo.
Llegaba tarde al curro y hacía frío, así que me ajusté el casco y aceleré.
En la segunda curva descubrí lo que me había dejado en casa: el futuro.
Desasosegada
Revolví el bolso con la sensación de que me olvidaba algo.
Llegaba tarde al curro y hacía frío, así que me ajusté el casco y aceleré.
En la segunda curva descubrí lo que me había dejado en casa: el futuro.
Desasosegada
Funeral
Llegó a casa de noche, se quitó el incómodo traje y se metió en la cama. Sintió las sábanas húmedas. Ella se giró, muy despacio -¿Cómo ha ido el entierro? -Bien, todo el mundo se tragó lo del suicidio. Por cierto, estás horrible. -Bueno, quizás no debiste dispararme en la cara.
Por Hank66
Nieve
Aquel día, por fin, no amaneció. Se abrazaron llorando, al lado del árbol de Navidad que habían puesto hacía apenas unas semanas. El niño los llamó desde el salón. -¡Papá, mamá, venid, están cayendo copos pequeñitos! El hombre cogió una pastilla, un vaso con agua, y se levantó.
Por Hank66
Mejor callado
Todos los días, todos, a la misma hora, sin importar el día de la semana ni el mes, la veía sacudir ropa blanca desde su ventana. Una mañana la reconocí en la tienda del barrio.
- ¿Qué, vienen los indios? – pregunté, intentando resultar simpático.
Me respondió con una mirada ausente.
– Lo digo por las señales que envía... – insistí.
Sin decir nada, bajando la vista, dejó caer cesta de plástico y se marchó.
– No debió decirle eso – me recriminó el tendero desde el mostrador -, perdió a su hijo recién nacido por una picadura de avispa en el cuello. Desde entonces se pasa horas sacudiendo la ropa de su cuna.
No existe un hoyo lo suficientemente profundo donde me hubiera gustado desaparecer.
- ¿Qué, vienen los indios? – pregunté, intentando resultar simpático.
Me respondió con una mirada ausente.
– Lo digo por las señales que envía... – insistí.
Sin decir nada, bajando la vista, dejó caer cesta de plástico y se marchó.
– No debió decirle eso – me recriminó el tendero desde el mostrador -, perdió a su hijo recién nacido por una picadura de avispa en el cuello. Desde entonces se pasa horas sacudiendo la ropa de su cuna.
No existe un hoyo lo suficientemente profundo donde me hubiera gustado desaparecer.
Rodia
lunes, 13 de septiembre de 2010
A la luz de la oscuridad
Abrió su ventana a la oscuridad y la habitación se llenó de luz "¡mierda!" Allí estaba de nuevo. Estaba seguro de que la noche anterior había encontrado el momento oportuno, que tras haber dialogado largo y tendido había logrado convencerla, pero no, los latidos de su corazón hacían evidente su presencia ; jamás vislumbró la guadaña entre tanta negrura.
Esta noche probaría con cinco somníferos más.
Esta noche probaría con cinco somníferos más.
Blastocito
Suscribirse a:
Entradas (Atom)