martes, 15 de noviembre de 2011

Pulsiones

Entró al vagón y se sentó. De inmediato empezó a zaherir con voz gritona de borracho a la chica sentada enfrente de él. Y a emitir silbidos de una enorme flauta coloreada que portaba. Al rato, sin poder soportarlo más, me levanté y le inflé a hostias, y le rompí la puta flauta contra su cabeza emboinada. Mentalmente y debido a que estoy como una cuba, claro, porque cuando no bebo o estoy psicodélico soy un tipo tímido, más incluso que la pobre chica.


Cristina


Inmunda rata de mis amores

Lejanos y soñadores horizontes que me desorbitan de tan lejanos.

Mar azul que rebosa mis sentidos y se derrama en mancha tan añil que ni con el Shout elimino.

Naturaleza sabia que brinca, inconsciente y flipante, de flor en flor y tiro porque me toca.

Rata inmunda, perro rabioso, virus aviar, nubes informes, lluvia de barro, brisa que me abrasa, cuando no toca, con calores de infierno.

Mundo cruel, peñazo fiel, quiero que seas, hasta el fin de los fines, el ansiado objeto de mis amores.

tapia


Del Negro al Rosa

Mientras alimento, febril, mi lado oscuro, acercas, hasta fundir mis miedos, tu gentil rostro y, con insolente cotidianidad, me rescatas mientras me ciñes

con tu prístina mano

(sin atisbo de poética prosa)

tu cómplice sonrisa

(como quien no quiere la cosa)

tu magia sin trampa

(mis pulsiones, del negro al rosa).

tapia


La trapecista enamorada

Mi caravana y mi chico son mi única patria ¡son gajes del circo!
Pero... subida al trapecio, a la luz de los focos, no hay nadie más feliz que yo; una doble pirueta y sus manos me sostienen ingrávida en el aire ¡Que maravilla!
Todo ese precario equilibrio se truncó cuando le vi abrazado a aquella rubia.
Al día siguiente, en el salto mortal, rocé sus manos sin asirlas y caí al vacío, entre chillidos de espectadores.
Mi novio no logró convencer al juez de que había accionado la red, como todos los días, lástima de muchacho.


desasosegada


La danza

Puesto he, se diría, precio a mi sentío al verte danzar al son de la canícula, de aromoso viento plena tu oscura guedeja, de mil augurios tu triángulo de amor vestido; quiéreme ahora que tengo reja en el pecho, doloroso aliento y azar sin son... nadie soy, vine a requerirte, a herirte de amor y no vuelvo porque nada me queda sino yugo de inalacanzable anhelo...

Baila, otra vez, ahora... por ahora...

Givenra


Sedal

Sus ojos roban mi atención, me sustraen de la realidad y troquelan mi voluntad.

Su mirada, diáfana, se amarra a la mía, la desguaza y la reconstruye, la descongela y la hace hervir, sin contemplaciones.

Nunca sabrá mi nombre y tal vez yo nunca sepa el suyo, pero hoy me ha regalado un hilo invisible, y no he podido evitar enredarme en él.

Cronopio

lunes, 14 de noviembre de 2011

Su ineludible hálito

Siento su aliento. Muy cerca.

En un instante, me hinche una súbita onda expansiva que rebosa mis pulmones y mi corazón, hasta alcanzar y saturar todos mis núcleos cerebrales. Sin mediar espanto ni dolor, mi alma se desprende del cuerpo e inicia una suave danza ritual, intrincadamente entrelazada con etéreos rostros familiares. El tiempo se desvanece inexorablemente, arrastrando en su aniquilación la danza sin música y los rostros sin cuerpo.

Toda percepción se disipa. Excepto la de su hálito.

tapia


Sombras.

Desde aquel día sé que las sombras tienen poder.
Poder de asustarnos, de atraernos, de cobijarse con nosotros bajo una manta caliente. De escupirnos al frío helado de una noche decembrina.
Tienen poder....las sombras.

Lenita


El mercado de palabras

Estaba instalado en la plaza y en sus puestos, las palabras bullían en cestos y platillos. Se detuvo curioso en los que vendían jerga y palabras raras, y en el de palabras creadoras de realidad, donde se ofrecían grandes descuentos. Las palabras oscuras, con sus sinónimos, estaban en promoción, pero el puesto más solicitado era el de palabras huecas y ambiguas. Titubeó ante las metáforas, pero al fin se decidió por una docena de palabras mágicas, media de palabras divinas y una bellísima perífrasis. Creía que sería suficiente para escribir un conjuro de amor.

mj


domingo, 13 de noviembre de 2011

Il Caimano

Redactaba con esmero su autobiografía. Sería un pilar fundamental de su próxima campaña, por lo que ponía especial cuidado en darle una pátina convincente y veraz.

De pronto, notó un brutal golpe en el occipucio, acompañado de una luz cegadora, un ruido ensordecedor y un penetrante olor a azufre. Después, oscuridad y silencio.

Acababa de escribir "que me parta un rayo si miento".

Instantes después, recuperó el sentido y su sonrisa maliciosa. Ni siquiera el cielo sabía que él era inmortal.

tapia