jueves, 6 de junio de 2013

FUTURO IMPERFECTO

Serás una mariposa de alas coloridas, grácil en tu movimiento y con un rastro de esencia de lavanda. Serás libre y serás muy ágil, no sentirás el dolor ni el peso de las horas sobre tu alma. Estarás siempre rodeada de los seres de tu niñez con los que bailarás danzas de todos los mundos. Libarás el néctar más dulce y dormirás sobre los pétalos de la flor más bella. Te envolverá el azul límpido del cielo y te recostarás en la nube más mullida. Beberás del rocío y de la boria y recorrerás todos los horizontes que tu corazón abarca. Te sentarás sobre el acantilado más abrupto y contemplarás incansable tu obra. Me besarás como cada día y me salvarás de la soledad y el miedo

Mercedes Marín del Valle

miércoles, 5 de junio de 2013

GALLETAS DULCES

Una galleta es lo que me comería ahora mismo. Una galleta de olor dulce e intenso. Una galleta con almendras picadas sobre una masa espumosa y ligera que reposa envuelta en una servilleta húmeda mientras me permito contemplar las estrellas. Recortar luego perfectos círculos con el borde de un vaso mientras evoco la luna llena o la luna nueva que no está pero es. El horno encendido me pide algo que llevarse a la boca y abro sus fauces ardientes, introduzco la masa descolorida y a cambio me devuelve ricas y doradas galletas dulces, con sabor a almendra y a besos.

Mercedes Marín del Valle

Cosas del destino

Quizás el destino está escrito de antemano, pero yo creo que la culpa de todo la tuvo el despertador.   Puede que olvidase ponerlo o tal vez se estropeó, el caso es que cuando desperté el sol lucía y yo había perdido el autobús de las 7,30 justo el día más importante de mi carrera.    Para intentar ganar tiempo cogí un taxi y apremié cuanto pude al conductor, quizás exageré pero el caso es que  sin explicarme como, colisionamos con otro vehículo.
En urgencias tardaron en atenderme, ¡ya saben la sanidad pública! así que llegué a la oficina escayolada, dolorida y confusa a las 12,30.     La reunión ya había acabado y había sido un éxito. Todo había ido según el guión salvo que mi jefe me había ninguneado y se había adjudicado todo el mérito del proyecto.   Le hubiera matado allí mismo, pero tuve que sonreír y asistir a la comida coja pero con la mejor de mis sonrisas.   Para templar los nervios bebí demasiado y naturalmente hablé demasiado.   Al terminar la comida, mi jefe me susurró suavemente que estaba despedida. A la mañana siguiente quise estar muerta, pero al mirar atrás solo recordaba que el despertador no había sonado.

desasosegada

SI ME VIERAS

Si pudieras verme cuando llego a casa e introduzco la llave en la cerradura, si pudieras... Apresuradamente te busco en la atmósfera donde aún queda la huella de tu presencia, entre esas motas visibles solo al trasluz, minúsculas partículas ligeras y danzantes. Impaciente husmeo el aire donde percibo el olor de tu piel de melocotón dulce y mis papilas se deshacen en el agua de tus besos recientes. Si me vieras cuando sentada sobre la cama, me desprendo de los zapatos, si me vieras... Los abandono en un rincón y camino descalza un tiempo indefinido esperando que de mis pies broten alas que me lleven contigo en ese instante, en el que al entrar en casa deseo desesperadamente abrazarte.

Mercedes Marín del Valle

martes, 4 de junio de 2013

DAME, DAME Y TODO LE DIERON

Había una niña en el supermercado, quería salchichón para merendar, aunque en casa había muchas otras cosas a su madre le hizo gracia, como siempre, y mientras la besaba sonriente le decía al charcutero que le pusiera de ese salchichón a su niña. Luego quiso un dulce de chocolate y le bailó el agua a la madre para que se lo comprara, ella, en vez de coger un dulce echó una docena al carro, sabiendo positivamente que al final tendría que comérselos ella. Ya en la caja preparada para pagar, dos chupa chups se deslizaron por la cinta transportadora uno para ese mismo instante y otro...también. Había una niña en la tienda de ropa y quiso unos vaqueros de marca, su madre, después de hacer una cuenta mental, accedió al capricho de la niña , también una camiseta que le hiciera juego y que no desluciera al tan lujoso pantalón, que por cierto, tenía unos rotos que venían de fábrica, a nivel de la rodilla. Bueno, pase por esta vez, dijo la madre y mientras buscaba su rostro para besarla, la niña lo echaba hacia atrás para colocarse la melena dorada recién sacada de la peluquería. Había una niña que perseguía a su madre por la casa empeñada en que le comprara un móvil, la madre se negaba porque aún era pequeña y porque el que quería era caro. La niña lloró un rato y cuando vio que la madre no se ablandaba se dirigió a ella de forma violenta y la amenazó con abandonar la casa si no lo tenía ya. La madre preocupada desde hacía tiempo porque su niña había dejado de ser dulce y graciosa y pensando en que podría hacer cualquier locura, se apresuró a salir a la calle con ella y allí, en el establecimiento más cercano firmó un contrato con una empresa de telefonía, a su nombre. Había una niña en la calle, estaba sentada en la acera, fumaba un pitillo con ansiedad como si en cada calada le fuera la vida, tenía en el brazo unos morados como si acabaran de sacarle sangre, reía al son de los chascarrillos que le contaban los amigos, era ya de madrugada cuando sonó su móvil de última generación. Lo miró con desdén al ver que era su madre la que insistentemente llamaba, a regañadientes y por no escuchar de nuevo la canción de la llamada entrante, apretó la tecla verde; antes de escuchar y con voz aguardientosa y desafiante dijo: ¡si no me dejas en paz no volverás a verme nunca! Había una madre abatida que se movía nerviosa por la casa, sus ojeras eran notables y las escoceduras que en ellas tenía delataban el continuado llanto. Había una madre que se avergonzaba al encontrarse a sus amigas, que había dejado su vida social para quedarse en casa esperando a ver a qué hora y en qué estado llegaba su hija. La tensión de cada día había provocado la ruptura con su marido, el que fuera su novio de toda la vida. Había una madre con la mente perdida en el pasado y el corazón encogido, que no hacía otra cosa que mirar y besar las fotos en las que aparecía Anita, la niña, cuando era graciosa y quería salchichón para merendar.

Mercedes Marín del Valle

domingo, 2 de junio de 2013

Sherlock en Castroforte

Según sabemos, la pista biográfica de Sherlock Holmes se perdió hacia 1914 en el condado de Sussex, donde se retiró dedicándose a la apicultura. Pero recientes investigaciones conjeturan una etapa posterior en Castroforte del Baralla, un pueblo gallego al que viajó atraído por el enigma de esta brumosa aldea que, según noticias, levitaba con sus habitantes, casas y animales en las noches de luna llena. Poco se conoce de este periodo, salvo su gusto entusiasta por la empanada de lamprea y su entrega vehemente a los encantos del Albariño, así como sus sesiones de boxeo y esgrima con el párroco de la localidad. Parece que acabó retirándose a algún convento cercano y aquí se pierde nuevamente la pista. Pero los viejos del lugar hablan de un sujeto espigado, con pipa y un gorro característico, que destacaba en la espectral fila cuando se aparecía la Santa Compaña. Vaya usted a saber.

El Manco del Espanto

sábado, 1 de junio de 2013

LA MERIENDA

Mientras merendábamos sentados en el bordillo de la acera charlabámos sobre nuestras expectativas de futuro. María desmenuzaba a miguitas su bocadillo, y echando la cabeza hacia atrás con coquetería, nos anunciaba que iba a ser actriz. Y modelo. Marta con restos de chocolate en los labios confesaba que le gustaría ser abogada, o presidenta, para arreglar este mundo que los mayores decían que estaba tan mal. Jorge, nuestro sensible y delicado amigo quería ser diseñador, o peluquero. Llegó mi turno. Sentí el rubor subir a mi cara. “No lo sé”, -dije bajito-, en casa dicen que no sirvo para nada.

Yolanda Nava

viernes, 31 de mayo de 2013

666

Atardecía un día más alrededor de la mesa exagonal, el sexto día de junio (mes en que nací, que no el día). Una hermosa dama se prestaba (no muy cómoda) a nuestros designios, ésta vez, yo era el agasajado. Siempre les dije que ésta forma de celebración no me entusiasmaba mucho, prefiero la carne joven, ni infantil ni madura, joven. Frente a mí, la dama a punto de parir un vástago que para nadie seria, bueno, para mí sí. Todos me observaban mascullando -los muy cabrones- otra vez pondrá mala cara. Me levanté cuchillo en mano, miré aquella hermosa eternidad reflejada en sus ojos, y desde sus areolas tracé una cruz invertida, siempre fui delicado en éstos menesteres, y para cuando quiso enterarse, un grito de la infecunda vida llamó a mi boca destellando una dentellada que hasta la propia madre me lo agradeció. Lo que más me jode, es que saben a pescado, y odio el pescado, a no ser que sea agasajado por una deseosa madre presta al degüello sexual (final fe liz).

Ramón María

Los sonidos del silencio

El sonido del pasado nos acompaña para siempre; hay músicas que nos transportan a la adolescencia, frases que resucitan a personas ya perdidas y timbres que nos hacen sentir libres como si ya hubiera acabado una clase. Por eso, siempre prensé, que echaría de menos tu voz; esa voz que dulce o crispada, me acompañó durante media vida, pero no fue así, Unos timbres sustituyeron a otros y la vida siguió, con otros sonidos, pero siguió. Pero hay una circunstancia en la que nunca he podido sustituirte… en el silencio. El silencio ha dejado de abrigarme y de ser un refugio frente a las tormentas. Ahora el silencio tiene que ver con la soledad y el desánimo. Ahora el silencio se ha convertido en tu ausencia.

desasosegada

lunes, 27 de mayo de 2013

Contrasentido

El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda. El mismo lado al que, de manera obsesiva, aparecieron inclinados todos los cuadros de su camarote o miraban los cientos de fotografías de su perfil. Siempre viajaba a babor y de todos era sabido que sus tendencias políticas se inclinaron hacia éste mismo flanco, bolchevique empedernido. Yo estuve en su entierro, cuando le dieron sepultura lo hicieron sobre su costado derecho. Descanse en paz.

Montesinadas