martes, 2 de noviembre de 2010

Sexo felino

Ya estás ahí... al unísono del deseo, puntual en su cita. Abriéndote paso en mi espalda, con un leve hálito, dándome esa paz, que tanto necesito. Sigue, no te quiero interrumpir. Perdona mi estremecimiento, es una bienvenida. Pasa sin llamar. Estás convidada. No me invites a darme la vuelta, el ronroneo te mantendrá a salvo. Si te veo, mis garras podrían herirte. La fiesta acabaría en pasión desmedida y tornaría en lucha de amantes. Sigue, acaríciame... no tengas miedo. Sigo siendo yo... por fin

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3 comentarios:

  1. damadeltablero2/11/10 20:55

    Sugerente, 21. Aunque yo no pondría límites a una pasión felina.

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  2. @damadeltablero
    Bueno, al fin y al cabo, son humanos y no hay límites. Le falta continuidad. A lo mejor me animo y lo sigo en otra ocasión. Gracias por comentar.
    El ambiente de tensión es lo que quería transmitir, para no acabar en un juego más "habitual".

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  3. Las garras podrían dejar huella, pero más que en la piel en el alma, y esas pueden dejar cicatrices imborrables de por vida. Es el riesgo que hay que correr. A veces, esas cicatrices me supuran y debo ocultarme un tiempo para lamerme mis heridas.

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