Tu risa que me traía aromas de complicidades blancas.
Tu valentia en encarar los avatares cotidianos y tu incuestionable partida. En tu conciencia de la brevedad del ser.
Tus gafas de colores que nos alegraban las frías cuestiones de la metodologia, las variables y los resultados del chi cuadrado. Desde tu certesa de que sólo lo bien hecho, bien està.
Me quedo con tu forma de ser, que yo, alguna, vez también quisiera ser.
Albada