domingo, 3 de marzo de 2013

Secular tablilla angular

Paseaba por los deambulatorios y triforios de la basílica, admirando una vez más las finas columnillas rematadas con escuetos capiteles de motivos vegetales. Advirtió una ancha grieta que recorría de arriba abajo la entera altura de un muro de sillería, hasta alcanzar y descolgar la piedra angular del arco de medio punto sobre el que descansaba el lienzo de pared. Decidió encajar en el hueco una tablilla de madera, a modo de cuña que completase el arco, y prosiguió su camino. Cien años después, el recién incorporado técnico del archivo episcopal se fijó en esa misma cuña. Se le antojó un elemento extraño, poco acorde con la estética del conjunto, por lo que la desencajó de un seco golpe de martillo. Un leve temblor precedió al estrepitoso hundimiento, a inexorable cámara lenta, de crucetas, terceletes, contraterceletes, combados, nervaduras, frisos, medallones, ojivas, rosetones, vidrieras policromadas, hornacinas, bóvedas, cornisas, contrafuertes, cúpulas, cimborrios, atalayas, campanarios y quinientos años de historia. La enorme polvareda se pudo ver, durante siete días, a cien leguas a la redonda.



6 comentarios:

  1. Anónimo3/3/13 16:02

    Ocurrente repaso arquitectónico y visual "detonación" controlada. Me gusta.

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  2. Anónimo3/3/13 18:48

    Sí, ocurrente a la par que doctamente enumerativo. Eclesialmente apocalíptico. ¿Metafórico?¿Premonitorio? En todo caso bien construido (¡nunca peor dicho!). Falta la firma. Y por si no ha quedado claro, me parece bueno.

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  3. Anónimo3/3/13 19:41

    Gracias a los/las dos anónimos/as comentaristas. Olvidé la firma, cierto. Pero es que, en realidad, he decidido olvidar mi nombre. Aunque han pasado más de cien años, no pienso correr el riesgo de que se me asocie con según qué chapuzas estructurales. En los tiempos que corren, seguro que alguien encontrará la expresión de una metáfora y la existencia de un trasfondo político, a lo que seguirá, en buena lógica, la búsqueda de un chivo expiatorio. Y esa es una ciénaga que no pisaré.

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    1. Anónimo3/3/13 19:56

      ¡Ja, ja. qué precavido-a!. Bueno, respetemos tu anonimato y admiremos tu retranca. Saludos.

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  4. Me ha encantado, de verdad.
    Un saludo.

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    1. Anónimo4/3/13 17:51

      Gracias, marga.

      No sé si alguien tiene curiosidad por saber si el lugar descrito es real o imaginario.

      Pero contesto sin que me pregunten: Se inspira en la Catedral de Salamanca, donde una tablilla real está colocada en una ubicación clave, correspondiente a lo descrito en el relato. No voy a desvelar exactamente dónde, por si a alguien se le ocurre desencajarla y causar el desastre que, entonces sí, se convertiría en una especie de profecía autocumplida.

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