jueves, 25 de abril de 2013

Del precio de la muerte y del kilo de tomates

Cuando supo la noticia de su fallecimiento, estaba comprando tomates. Los palpaba con la mano envuelta en el guante de plástico e introducía los elegidos en la cesta. El móvil sonó dentro de su bolso, se atropelló un poco hasta que consiguió responder. -¿Es usted la esposa de Luis González? Lo supo, en ese instante mismo lo supo, y ella estaba allí, entre tomates. Días más tarde, ante la fatalidad de no haberse ido con él, solo podía pensar y desear haber estado en casa con un café, con un libro, ante la tele, pero en casa, el santuario que habían edificado juntos. No soportaba la idea de haber estado frente a unos tomates sin haber siquiera intuido que él en esos momentos exhalaba su último aliento, probablemente deseando aferrarse a la vida para continuar a su lado. El destino había querido que ella le dedicara su último pensamiento en vida degustando el ragú que tan bien sabía preparar, pero justo unos segundos antes pensaba que el kilo de tomates estaba más caro. El drama superlativo del fin del otro no merece algo tan prosaico. Aquella tarde, en aquel supermercado, los megáfonos alertaron al personal de seguridad para que acudieran a la sección de frutas y verduras.



7 comentarios:

  1. Respuestas
    1. ¡Guau! Ruborízome. Muchas gracias, Andrés. Tu crítica es un plus.

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  2. De plus nada, leches, que está muy bien y punto, jajaja. En serio, soy muy fan de estos cuentos en los que alguien se obsesiona con pequeños detalles. Este me ha encantado, de verdad.

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    1. La obsesión también tiene su puntito ;)
      Gracias de nuevo y saludos.

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  3. Me ha encantado y lo siento real, muchas veces la mente no pudiendo adaptarse a lo grande se queda dando vueltas a lo pequeño

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    1. Anónimo4/5/13 21:52

      Muchas gracias, Marga

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  4. Un buen ejemplo de cómo la dificultad de elaborar un duelo, un tema estrella del Psicoanálisis, puede conducir a la obsesión y, en casos extremos, a la autoinmolación. Creo percibir alguna contradicción en la secuencia temporal del relato, pero quizás sea problema mío. Por lo demás es un drama intenso y narrado con buen pulso, el drama de una mujer que, como intuíamos y ahora sabemos, nos transmite con sentimiento otra mujer. Querida Muskita, mi enhorabuena.

    El Manco

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