lunes, 27 de noviembre de 2017

Nubes con mar

Salió el fin el sol,
Entre nubes rojizas sobre el mar.
A trompicones,
Como invitándome a soñar.

Con las hilachas del sueño de la noche.
Con los algodones rosas de rocío.
Con los destellos de sol a contramano.
Con la mirada de tu piel por todo abrigo.

El reloj persiguió al desayuno,
Los avatares del día fueron pasando,
Las gaviotas marinas se surmieron,
La tarde, entró de refilón entre mis manos.

Nuevas nubes tiñeron los tejados,
De sombras dibujando nuevas formas.
De palmeras, de peces, de serpientes,
De sirenas, de barcos y de caracolas.

La noche apuntaba a la tormenta.
Las nubes tapiaron los reflejos
De las estrellas dibujando nuevas formas
Que pudiera recrear en mis espejos


Inspirado en ALBA, de Emilio

Albada

sábado, 25 de noviembre de 2017

ALBA

Hoy te leí febril.
Dejé salir mi respiración por un rato.
Pero se cansó pronto.
Acostumbrada a la gripe fatigada de mis piernas.
Y acostado en la hierba soñamos juntos buscando nubes.
La que parecía un tubo de recta serpiente gateando por el mar.
La que entre árboles del bosque infinito se apareaba con abejas sin pudor.
La de la cinta celeste que envolvía el regalo prometido.
La del ángel de cabello ondulado sin alas.
Y la que a punto de caer en lluvia estaba.
Allí tus lemas se hicieron presentes, tus voces en mis oídos jugaron.
Contundente y rotunda apareciste, con la sonrisa de haber ganado mi alma,
Hasta que por fín mis brazos te rodearon.
Dejando que la salvaje noche… nos durmiera en calma.


EMILIO

jueves, 23 de noviembre de 2017

Llueve de nuevo

(Inspirado en NATURALEZA HÚMEDA,
DE EMILIO BARREIRO)

Me fascina que vuelve a llover
Que el cielo se abra en esquirlas de agua.
Mientras miro, de este lado del cristal.
Cierro los ojos y recuerdo otras lluvias
De otros lares y de otros otoños
En los que una lluvia redentora nos unió,
Y me aferro a una gota que zigzaguea, transparente,
A esa imagen de tu huida hacia la playa
Bajo la primera tormenta que nos rompió.
Y no quiero saber dónde andarás,
Ni qué charcos ni barros te hayan visto
Pasear del brazo de una mujer que no soy yo.

Ahora que los días son tan cortos
Y resultan tan largos los olvidos
El otoño, con las primeras lluvias,
Me deja escuchando, entre Las gotas,
Cada una de tus caricias, y de mis latidos


Gracias Emilio.

Albada

domingo, 12 de noviembre de 2017

NATURALEZA HUMEDA

No me gusta que se rasgue el cielo.
Que no pueda contener tanta agitación hermética de gotas.
Sentado en el regazo del asedio y mirando arriba.
Con ojos cerrados dejo que mil pequeñas agujas de agua me sorprendan la cara.
La gente corre siempre dejando rastros lavados y ella detrás sin descanso.
Implacable a ratos se hace dueña de la vida.
Conocida visita del tiempo longevo.
De la tierra sin óxido.
Del aire transparente y con ganas de ser aire.
De los bosques vastos y de la vegetación sin herir.
La que subía del arroyo de cristal dulce hasta un cielo de puro añil.
Ese tiempo limpio que ya no vuelve.
Hoy ya no me gusta la lágrima del cielo herido. Me hace precisar tus brazos.
Prefiero no saber el final de sus caudales. Hacen que recuerde tus ideas de fuego.
El cariño que no existe y la caricia pálida de aquel día.
La humedad de los mares duros de color humo.
Quisiera que ya no me llueva por dentro.
Que no recorra tu calle de deseo y gloria.
Que no tema desangrarme frente a ti en algún reencuentro.
Para que no descubra al mundo lo que de ti… aún llevo en mi historia.


EMILIO BAREIRO

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Encapuchado

Querida Elena

Cuando, por tu traslado a Sevilla, te vi por última vez, me pareciste siempre una mujer fuerte, equilibrada y madura. No entiendo cómo dices en tu carta, tan tranquila, que hace unos meses sorprendiste a un hombre bajo tu cama, que dormitaba tranquilo, y que se lo permitiste. “Además, bajo el lado bueno de la cama”, dices enojada en tu misiva. Que le viste tan tranquilo que no te atreviste a decir nada. No te entiendo, la verdad.

Me explicas que aquella primera vez descansaste tan bien que hasta media mañana no recordaste el incidente, y eso ya me preocupa un poco, pero cuando afirmas que eso ocurre cada noche; que siempre, cuando miras bajo la cama, está el señor de la capucha, como tú le llamas, dormitando, pero que de día nunca le ves, y que jamás habéis cruzado una palabra, he estado a punto de llamar a la policía.


Me refieres que tu vida es normal, como siempre, y que has aceptado la situación porque hace días decidiste cambiar de lado de la cama, y yo ya no sé qué pensar, porque hace días que la sombra de un encapuchado hace el amago de pararse en la puerta de mi habitación.


Albada

lunes, 30 de octubre de 2017

Otoño en las nostalgias

Hace algún tiempo, en el lugar inmaterial de las letras sueltas, por las visitas constantes y las miradas sedientas de sus habitantes, llegó a formarse un lago de afectos literarios.
Allí acudían los lectores que hilvanaban párrafos porque el cuerpo se lo pedía, los que encadenaban pequeños textos entre sí, o comentaban lo dejado por otros. Eran unos habitantes con mucho que imaginar o que decir y nada que perder. Con la pasión compartida hacia los pequeños manojillos de letras que destilaban ingenio o reflexión, historias o poesías, caricias de papel o hachazos de intriga. Llegó un otoño en el que las hojas, con sus mil matices de ocre, casi impidieron ver la belleza del bosque. Caminaron sobre la tierra, sin dejar de mirar el lago de los afectos, pero el invierno fue largo. Hubo quien se iba y regresaba, quien se iba y nunca volvió.
Pasaron los años, las primaveras vieron llegar nuevos paseantes y turistas de un instante, pero el lago seguía albergando el agua de los afectos que jamás se aniquiló
Por eso, para algunos, cada otoño nos trae el sabor a un verano que sabemos que jamás regresará, pero que añoramos, porque ¿quién, alguna vez, no desea regresar adonde fue feliz?


Albada

Nostalgia en los otoños

Hace algún tiempo, en el lugar inmaterial de las letras sueltas, por las visitas constantes y las miradas sedientas de sus habitantes, llegó a formarse un lago de afectos literarios.
Allí acudían los lectores que hilvanaban párrafos porque el cuerpo se lo pedía, los que encadenaban pequeños textos entre sí, o comentaban lo dejado por otros. Eran unos habitantes con mucho que imaginar o que decir y nada que perder. Con la pasión compartida hacia los pequeños manojillos de letras que destilaban ingenio o reflexión, historias o poesías, caricias de papel o hachazos de intriga. Llegó un otoño en el que las hojas, con sus mil matices de ocre, casi impidieron ver la belleza del bosque. Caminaron sobre la tierra, sin dejar de mirar el lago de los afectos, pero el invierno fue largo, hubo quien se iba y regresaba, quien se iba y nunca volvió.
Pasaron los años, las primaveras vieron llegar nuevos paseantes y turistas de un instante, pero el lago seguía albergando el agua de los afectos que jamás se aniquiló
Por eso, para algunos, cada otoño nos trae el sabor a un verano que sabemos que jamás regresará, pero que añoramos, porque ¿quién, alguna vez, no desea regresar adonde fue feliz?


Albada

Sonrisas de post.realidad

Le ofrecieron la luna y ella puso en su falda una sonrisa. Buscó escenarios, paseando por la ciudad de las consignas y se detuvo ante dos ventanas ciegas de un blanco edificio, de la calle Siesta, cercana a la Plaza de las mentiras por desentrañar.


Estuvo ahí posando hasta que un tipo le preguntó el porqué de su sonrisa. En ese momento ella dejó sus manos libres y la falda se puso a ondear ante un viento de dudas, pero el fotógrafo había captado e inmortalizado a la mujer sonriente, la de la post-realidad.

albada

viernes, 22 de septiembre de 2017

Adiós verano, adiós

Paula ha querido guardar sus recuerdos de verano en una caja de galletas, metálica y con dibujos.

A la noche, cuando le he preguntado qué había guardado en ella me ha respondido que era un secreto. Cuando el abuelo se ha puesto los auriculares de escuchar la radio, la nena se me ha acercado; y poniendo su boca en mi oído me ha explicado los tesoros que no quiere perder de este verano.

Ha ido recitando, con su mano haciendo pantalla para proteger sus palabras, una retahíla de frases entre las que tomaba aire, con cara de concentración. Creo que han sido estas: "Las muecas que he hecho con el niño holandés, las cosquillas de una ola en mi barriga, el frío de una gota de helado en mi pie, tus buenas noches con beso, el abrocharme las sandalias del abuelo, las arrugas de mis dedos tras los baños, la emoción de los castillos de arena perfectísimos, la luna escondida tras las nubes, el olor a mar con viento, el mirar del gato de tres colores que no se deja tocar, las carreras con el perro de los franceses y el sabor de la horchata del bar Gloria".

Guardaré la caja en su cuarto, que mira al mar, hasta el año que viene. Otro verano que se nos va.

Albada