Después llegó el trabajo; todo inmediato, todo a carrera y así pasaron los años.
Hoy, de pronto, mi mundo se ha detenido y ¿qué me he encontrado?
Que la vida ha pasado de puntillas mientras yo me afanaba en fruslerías.
Que solucionando lo urgente, olvidé lo importante.
Que al final, sólo me queda en las manos, el reloj de la jubilación, cuyas manillas se empeñan en no correr.
desasosegada
