De vez en cuando llegaba al lugar con la ilusión de encontrar raíces, el pasado; aunque fuera como el camino que, al mirar atrás, no habría de volver a pisar, lo recorría de nuevo.
Ese día, al llegar a la entrada del pueblo, las campanas tocaban a duelo.
Iba a ese entierro.
Ese día, al llegar a la entrada del pueblo, las campanas tocaban a duelo.
Iba a ese entierro.
De vuelta, abrió el correo. Había un reportaje con mensaje y paisajes. Una música de fondo.
La guarda; cada vez que la escucha se ahoga en sus lágrimas.
Es Edelweiss, con violines.
Música a la tristeza la define.
Arena