Te vi la primera vez de espaldas con aquella amiga. Y ya quise conocerte. El destino nos volvió a unir. Y me quedé prendado de tu sonrisa. Para siempre.
Hemos llegado hasta aquí donde fenecen los años y nacen otros nuevos, como un inmenso campo de margaritas donde los dos acabamos diciendo sí, con nuestro pétalo en la mano.
Y cuando viene la pena negra o la distancia infinita yo me cuelgo de tu sonrisa que es como una luna que se columpia en el firmamento, segura, eterna y, sobre todo, indefensa. Porque tu sonrisa no tiene barreras, ni escudos, ni empalizadas. Solo una invitación continúa a que me adentre en tu corazón.
Gabriel Palafox
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Hemos llegado hasta aquí donde fenecen los años y nacen otros nuevos, como un inmenso campo de margaritas donde los dos acabamos diciendo sí, con nuestro pétalo en la mano.
Y cuando viene la pena negra o la distancia infinita yo me cuelgo de tu sonrisa que es como una luna que se columpia en el firmamento, segura, eterna y, sobre todo, indefensa. Porque tu sonrisa no tiene barreras, ni escudos, ni empalizadas. Solo una invitación continúa a que me adentre en tu corazón.
Gabriel Palafox
